Columnas 20 JUL 2026

Hacia una infraestructura global de responsabilidad para la IA

El primer Diálogo Global sobre Gobernanza de la IA de la ONU reconoció un conjunto de problemas vinculados con la brecha en la rendición de cuentas de la IA. El siguiente paso es construir una arquitectura capaz de abordarla.

CC:BY (Gilda Martini)

*Este artículo se basa en las reflexiones presentadas por las autoras durante el primer Diálogo Global de la ONU sobre la Gobernanza de la IA, incluidas las intervenciones de Jamila Venturini en el Diálogo oficial y de Marina Meira en eventos paralelos.

La producción de IA está altamente concentrada en unas pocas empresas y países que han venido dando forma tanto a las tecnologías como a los procesos de gobernanza hasta la actualidad. A su vez, son quienes tienen mayor interés en el avance de la IA dentro de determinadas regiones y sectores según sus propias condiciones. Las asimetrías de poder incluyen, en particular, la dependencia de los países del Sur Global respecto a los actores corporativos que activan múltiples estrategias para influir en cómo se llevará a cabo su integración en la economía de la IA.

Si bien los beneficios de la IA se concentran en unos pocos, su huella está distribuida. Como lo destacaron varias participaciones durante el primer Diálogo Global de la ONU sobre la Gobernanza de la IA, recientemente concluido, la IA implica una cadena de suministro que va desde la extracción de minerales hasta el procesamiento de datos y requiere una inmensa cantidad de recursos naturales para funcionar. Sus impactos en el medio ambiente, el trabajo y los derechos humanos en general son estructurales y afectan a personas trabajadoras, comunidades y territorios que, con frecuencia, están lejos de ser los principales beneficiarios de la economía de la IA.

La brecha en la rendición de cuentas de la IA

El actual escenario trae aparejada una brecha crítica de rendición de cuentas a nivel global, con múltiples dimensiones. Una dimensión jurisdiccional, derivada del carácter distribuido de las cadenas de suministro tecnológicas y del intento de las corporaciones de eludir el cumplimiento normativo, aprovechando la ausencia de presencia legal en ciertas regiones y países. Una dimensión regulatoria, que explica la variación en las capacidades y características regulatorias e institucionales dentro de diferentes contextos. Relacionada con la brecha jurisdiccional, esto significa que un mismo sistema de IA puede enfrentar un escrutinio riguroso en un país y casi ninguno en otro. También permite lo que se conoce como “jurisdiction shopping”, a través del cual las empresas aprovechan intencionalmente una brecha regulatoria como ventaja para eludir la rendición de cuentas a nivel de la cadena de suministro.

Otra dimensión de la brecha global de rendición de cuentas está relacionada con el poder. Las grandes empresas tecnológicas cuentan con recursos económicos, legales, financieros y políticos superiores a los de algunos países. Esto significa que muchos gobiernos, especialmente en el Sur Global, negocian con ellas desde una posición mucho más débil y que las comunidades más afectadas por los daños causados por la IA suelen ser aquellas con menor acceso a recursos, representación o justicia.

Por último, existe una brecha de evidencia o de información. Si bien los riesgos de la IA suelen presentarse como parte de escenarios futuristas propios de la ciencia ficción, ya se han documentado ampliamente los daños en múltiples ámbitos. Entre los ejemplos se incluyen la violencia de género facilitada por la IA, la vigilancia policial predictiva y el reconocimiento facial y emocional, entre otros. Sin embargo, no existe una fuente unificada de información sobre dichos daños a nivel de la cadena de suministro.

El Panel Científico sobre IA resumió la brecha de rendición de cuentas como un desafío de economía política derivado de la alta concentración del mercado: «si bien algunas jurisdicciones se benefician de leyes sólidas de privacidad y protección de datos, si se implementa fuera de los límites de seguridad, la capacidad concentrada de la IA genera preocupaciones sobre los impactos en la democracia y los derechos humanos, junto con una posible captura regulatoria y la falta de rendición de cuentas».

El reconocimiento de las desigualdades globales, la concentración del mercado, el impacto a nivel de la cadena de suministro y las brechas de rendición de cuentas representa un cambio clave en la narrativa dentro de los espacios globales de gobernanza de la IA y es, en sí mismo, un logro significativo de este Diálogo. Sin embargo, la pregunta que queda por resolver es cómo pasar del diagnóstico a la acción, de cara a su segunda edición en 2027. Abordar los impactos ambientales, laborales y de derechos humanos en general dentro de la cadena de suministro transnacional de la IA es una tarea urgente. Y el sistema internacional de los derechos humanos tiene un papel esencial que desempeñar para cerrar la brecha global de rendición de cuentas.

Cerrar la brecha

Si bien queda mucho por hacer para abordar los impactos de la IA en los derechos humanos, ya existe la base normativa para hacerlo. En los últimos años, los organismos de la ONU y el sistema de derechos humanos de la ONU han afirmado de manera consistente que los sistemas de IA deben cumplir con el derecho internacional de los derechos humanos a lo largo de todo su ciclo de vida, algo que también ha reconocido la Asamblea General desde 2024. Cuando el cumplimiento sea imposible, la respuesta adecuada no es la mitigación, sino la prohibición o la moratoria de la tecnología y su uso. En otras palabras, los Estados y otras partes interesadas deben abstenerse de utilizar dichos sistemas o dejar de hacerlo.

Lo que se necesita ahora es traducir estos compromisos en prácticas de gobernanza en todas las jurisdicciones y a lo largo de toda la cadena de suministro de la IA. Esto requiere una arquitectura internacional de rendición de cuentas basada en al menos dos pilares complementarios.

El primero ya se está configurando. El Panel Científico Internacional Independiente sobre IA se creó para evaluar la evidencia, identificar áreas de consenso e incertidumbre científica, y proporcionar a los responsables de la formulación de políticas una base independiente para la toma de decisiones. Al igual que el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), puede establecer una base probatoria compartida sobre la cual los gobiernos puedan debatir las opciones de políticas públicas.

Esta función es indispensable. Las decisiones sobre si determinados sistemas o usos de la IA cumplen con los umbrales establecidos por el derecho internacional de los derechos humanos no deben depender únicamente de los argumentos de las empresas o de prioridades políticas cambiantes. Sin embargo, el consenso científico por sí solo no puede sustentar la rendición de cuentas. La ciencia avanza con cautela, pero las comunidades y el planeta están sufriendo daños a un ritmo diferente y acelerado.

En otras palabras, la evaluación científica no puede abarcar todo el espectro de los daños causados por la IA. Muchos impactos son contextuales y surgen únicamente cuando los sistemas de IA interactúan con realidades sociales, políticas o ambientales específicas. La misma tecnología puede generar consecuencias profundamente diferentes dependiendo de dónde y cómo se implemente. Un centro de datos, por ejemplo, tendrá impactos ambientales dondequiera que se construya, pero la naturaleza y la gravedad de esos impactos dependen del contexto local. En una región que ya enfrenta una escasez crónica de agua, o donde los pueblos indígenas y las comunidades dependen directamente de los ecosistemas locales para su sustento, probablemente intensificará significativamente las presiones existentes.

Del mismo modo, los sistemas de IA pueden reforzar patrones existentes de discriminación, explotación laboral o represión política de formas que solo se hacen visibles a través de la experiencia local. Estos daños rara vez aparecen primero en conjuntos de datos globales o en revisiones científicas. Son identificados principalmente por las comunidades afectadas por ellos.

Es por eso que la arquitectura emergente de gobernanza de la IA aún carece de un segundo pilar, igualmente importante: un mecanismo internacional permanente para documentar los daños relacionados con la IA. Dicho mecanismo no debería reemplazar la evaluación científica. Por el contrario, la complementa al crear vías institucionales a través de las cuales la evidencia generada por -o con- las comunidades afectadas pueda informar a la gobernanza global antes de que se alcance un consenso académico.

Las organizaciones de la sociedad civil, el periodismo de investigación, los movimientos de base, los sindicatos y las personas investigadoras independientes, entre otros, suelen ser los actores mejor posicionados para identificar los daños emergentes, dada su proximidad a los contextos locales. Sin embargo, su trabajo suele carecer de recursos suficientes y estar desconectado de la toma de decisiones a nivel internacional.

Fortalecerlo no requiere necesariamente crear nuevas instituciones, sino conectar mejor y reforzar las ya existentes. Esto implica brindar a estos actores apoyo financiero e institucional sostenible e independiente, junto con estándares y metodologías de documentación compartidos, al tiempo que se crean canales formales a través de los cuales las evidencias que producen puedan evaluarse sistemáticamente, incorporarse a los procesos internacionales y utilizarse para informar la toma de decisiones.

El propio sistema de derechos humanos de la ONU también debe convertirse en un componente central de la rendición de cuentas en materia de IA. El Examen Periódico Universal (EPU), los órganos de tratados, los procedimientos especiales y el Consejo de Derechos Humanos, por ejemplo, ya investigan violaciones de derechos humanos, reciben evidencia y emiten recomendaciones. En lugar de duplicar estos mecanismos, la gobernanza de la IA debería reforzarlos, proporcionándoles recursos adecuados, mandatos más sólidos y una coordinación sistemática para que los daños relacionados con la IA se conviertan en una parte permanente de su ejercicio.

Finalmente, la gobernanza de la IA debe reconocer, al mismo tiempo, que la IA no es un sector sino una tecnología habilitadora cuyos impactos abarcan varias áreas como el trabajo, la salud, la educación, el medio ambiente, la democracia y el desarrollo. Por lo tanto, la rendición de cuentas en torno a este asunto no debe limitarse a instituciones específicas de la IA. El Panel Científico, el Diálogo Global y la arquitectura de rendición de cuentas más amplia deberían trabajar en estrecha coordinación con instituciones como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los organismos de gobernanza ambiental y el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer.

En conjunto, estos pilares podrían constituir la base de una verdadera infraestructura global de rendición de cuentas.

La oportunidad entre períodos de sesiones del Diálogo Global

Las normas de derechos humanos, incluidas las relativas a los derechos sociales y económicos, constituyen la base principal sobre la que construir un consenso en torno a los límites innegociables. Resulta alentador que, en los últimos años, los llamamientos a establecer límites innegociables internacionales para la IA hayan cobrado un impulso significativo, reuniendo a organizaciones de la sociedad civil, personas investigadoras, exjefes de Estado y otras expertas. A medida que esta conversación madura, se debe prestar mayor atención a la cuestión práctica de cómo estos compromisos pueden ponerse en práctica y adquirir concreción en la realidad.

El primer Diálogo Global sobre la Gobernanza de la IA ha creado un espacio para que se desarrolle este debate. El reto ahora es traducir ese impulso político en una arquitectura de rendición de cuentas capaz de documentar los daños, informar la toma de decisiones y respaldar la acción colectiva más allá de las fronteras. El período previo al segundo Diálogo, en 2027, ofrece una oportunidad única para comenzar a hacer precisamente eso.