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Chile en WSIS+20: expectativas altas, resultados moderados
El 2025 cerró con la culminación del proceso de revisión histórica de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (WSIS+20), donde Chile jugó un rol clave en las negociaciones. En esta columna analizamos los logros y limitaciones de la perspectiva que impulsó Chile y nos preguntamos sobre los impactos que pueda llegar a tener la Cumbre en la agenda local bajo un nuevo gobierno de ultraderecha.
En la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (WSIS por sus siglas en inglés), que concluyó en diciembre pasado, países de la región como Chile tuvieron un rol notable en el proceso de negociación. Recordemos que la Cumbre buscó revisar los acuerdos pactados en 2015 que giraron en torno a la gobernanza de las tecnologías digitales, centrada entonces en las personas y enfocada en el desarrollo sostenible, la lucha contra la desigualdad y el cierre de la brecha digital, entre otros.
La revisión de los 20 años de la primera WSIS finalizó en 2025 con una resolución aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Un documento que, en pocas palabras, apenas si mantuvo aspectos mínimos de los acuerdos pasados, en lugar de avanzar hacia compromisos urgentes como, por ejemplo, reconocer y fortalecer la rendición de cuentas del sector privado, introducir mayores salvaguardas y garantías en relación con el despliegue y desarrollo de la inteligencia artificial e incluso considerar moratorias frente a los usos problemáticos.
Chile: expectativas y resultados del proceso de negociación
En ese proceso de negociación multilateral, que fue complejo y estuvo lleno de tensiones dadas por el escenario geopolítico actual, Chile participó a través del G77 + China y por su propia cuenta, movilizando cuatro prioridades: conservar compromisos en materia de desarrollo, la renovación del Foro de Gobernanza de Internet (IGF) y la continuidad del modelo de múltiples partes interesadas, conservar los acuerdos preexistentes en materia de derechos humanos, y explicitar esfuerzos enfocados en la equidad de género.
Estas prioridades están dadas por la agenda internacional desplegada por Chile en los últimos años. Desde 2024, el país lidera la agenda del desarrollo con la copresidencia del ODS 4, enfocado en la equidad en la educación. A nivel regional, ha sido vocal con el fortalecimiento del IGF así como con el robustecimiento del modelo de múltiples partes interesadas para mejorar la gobernanza de internet. Y de manera consistente, en la última revisión de la WSIS que tuvo lugar en 2015, defendió acuerdos de derechos humanos, en especial en libertad de expresión y privacidad. Más recientemente, las relaciones internacionales del país se han enfocado en defender la política externa de género en los espacios multilaterales, que ha resonado en foros como la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW por sus siglas en inglés), o las negociaciones del Pacto Digital Mundial.
En materia de desarrollo
En las negociaciones sobre desarrollo, Chile apoyó por su cuenta y en el marco del G77 + China, que se mantuvieran referencias a la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible que, para países como Estados Unidos, debían ser eliminadas junto a las referencias sobre derechos humanos, en aras de la brevedad y concisión de la resolución final. Dicha vinculación es crucial porque la Cumbre apunta a la realización de la Agenda a través de la gobernanza de las tecnologías digitales. La eliminación de dicha referencia hubiera dejado sin sus bases fundacionales a la Cumbre.
La resolución, en efecto, mantuvo algunas referencias a la Agenda 2030. Por ejemplo, al señalar que el cierre de la brecha digital debe enfocarse en la realización de los Objetivos de Desarrollo Sostenible ODS (párrafo 25), se debe garantizar coherencia en la aplicación de los resultados de la Cumbre con los ODS (párrafo 106), y se debe buscar alinear estrechamente la realización de las Líneas de Acción (ejes críticos de la Cumbre) con la Agenda 2030 (párrafo 111). También, encarga a los organismos de las Naciones Unidas a cargo de operacionalizar su implementación de cara a los ODS (párrafo 122), entre otros.
El IGF y el modelo de múltiples partes interesadas
En materia de renovación del IGF, el G77 + China abogó por la permanencia de su mandato. Aunque perfectible, es un foro crítico cuyo mandato, según el G77 + China, debía ser fortalecido a través de una mejor estructura, financiamiento para su realización, y por sobre todo, a través de una más amplia participación de países del Sur Global.
Sobre el modelo de múltiples partes interesadas, el G77 + China apuntó en el mismo sentido, a integrar en los procesos de negociación referencias enfocadas en estructurar, transparentar y mejorar la participación de partes interesadas, en especial de los países en vía de desarrollo.
La resolución final de la Cumbre, hizo permanente el mandato del IGF y enmarcó su funcionamiento futuro dentro de los procedimientos presupuestarios de la ONU, llamando a garantizar una financiación estable y sostenible (párrafo 96-103). También, hizo referencia a otros foros de múltiples partes interesadas (como los lineamientos de NETMundial+10) como una referencia útil y aspiracional en la realización de dicho modelo que, según la resolución, debe continuar en el centro de la gobernanza de internet (párrafo 91 a 94).
Que la resolución final de la Cumbre mencionara nuevamente la centralidad del modelo de múltiples partes en la gobernanza de las tecnologías digitales no es menor. En esta reciente negociación, hubo Estados -como China o Rusia- que presionaron, de hecho, por dar mayor centralidad a otros modelos de gobernanza basados en un rol más intenso del multilateralismo, que se centra en los Estados como los actores más importantes. Que se conservara y afirmara la importancia del modelo de múltiples partes es un logro que no es menor, aunque su inclusión se hizo sin reconocer las limitaciones que enfrenta en el marco del escenario geopolítico actual donde las relaciones estatales enfrentan serias tensiones y donde la participación de la sociedad civil en la esfera internacional enfrenta serias amenazas y riesgos.
Derechos humanos
Desde la primera Cumbre, la agenda de derechos humanos fue insertada de manera transversal en la idea misma de la gobernanza de internet. En la Agenda de Túnez y el Plan de Acción de Ginebra, constan referencias a los derechos humanos, y derechos como la libertad de expresión y la privacidad. En la negociación de la Cumbre, Chile enfocó por su cuenta esfuerzos dedicados a la conservación de los acuerdos ya pactados, que países como Estados Unidos buscaron erosionar bajo argumentos de concisión del texto final de la conversación.
Al final, sí se hizo mención explícita a los derechos humanos que figuran en la resolución aprobada en diciembre de 2025 (párrafos 8-78), pero hay omisiones que brillaron por su ausencia, como el impacto de la plataformización en el mundo del trabajo y los derechos de los trabajadores, o el tono debilitado que recibieron los compromisos y responsabilidades del sector privado que, con sus tecnologías y modelos de negocio, impactan profundamente en el ejercicio de derechos.
Equidad de género
Chile, por su cuenta, movilizó el reconocimiento expreso de la violencia de género facilitada por las tecnologías digitales, en concreto, en el párrafo 11 de la futura resolución.. La resolución final reconoció en dicho párrafo la transversalización de la perspectiva de género, la brecha digital de género, y contempló el fenómeno de la violencia sexual y de género, aunque su lenguaje se enfocó exclusivamente en la protección de mujeres y niñas, excluyendo a colectivos LGBTIQA+ del texto.
El giro de Chile a la ultraderecha: ¿tendrá eco la Cumbre en la agenda local?
En diciembre de 2025 Chile eligió su primer gobierno de ultraderecha desde el retorno de la democracia. Analistas locales señalan que la política exterior del gobierno electo permanece aún en la incógnita pues fue un tema excluido de manera deliberada de los temas centrales de la campaña electoral. A la fecha, según distintos expertos, la política exterior chilena ha estado marcada por “líneas históricas” antes que por intereses ideológicos que mudan con cada nuevo gobierno. Es decir, se ha caracterizado por su continuidad, respeto al derecho internacional, y una “diplomacia profesional, sobria y previsible”, por lo que se espera que esto permanezca así durante la futura toma de posesión del nuevo presidente, José Antonio Kast.
Bajo esa perspectiva, se podría esperar que Chile mantenga su respaldo a los compromisos gruesos pactados en la WSIS que concluyó en 2025. Sin embargo, emergen dudas serias sobre el apoyo específico a objetivos como los que fueron trazados en el párrafo 11 de la resolución final, enfocada en materia de género, pues el presidente electo ha afirmado en diversas ocasiones que se debe desterrar la ideología de género de las políticas de protección de la mujer. En el pasado, de hecho, se opuso a la Ley de Identidad de Género, y hasta promovió acciones judiciales en contra de políticas afirmativas en materia de salud sexual y reproductiva.
Por ahora, es incierta la resonancia que tendrán los objetivos y metas de la WSIS en las políticas locales enfocadas en la gobernanza de internet y otras tecnologías digitales, en especial, las metas enfocadas en la erradicación de la violencia de género basada en las tecnologías. Tampoco existe claridad sobre cómo se dará en la práctica la participación de la ciudadanía y sociedad civil interesada en incidir en dichas políticas públicas.
Por ahora, y hasta que se posicione el presidente electo en el mes de marzo de 2026, hay que observar con atención el perfil y enfoques de las personas que estarán a cargo del Ministerio de la Igualdad, del Ministerio de Transporte y Telecomunicaciones, y del Ministerio de Relaciones Exteriores, centrales en la articulación de la política digital y económica internacional, y la política digital local.