Columnas 5 FEB 2026

WhatsApp y la Unión Europea: ¿Descentralización de las comunicaciones digitales?

La reciente Ley de Mercados Digitales (DMA) regula a las grandes plataformas de internet en Europa. Entre ellas, se destaca el caso de WhatsApp que ahora estará obligada a permitir a otras aplicaciones a interoperar con ella. En esta columna reflexionamos sobre la estrategia que está aplicando la Unión Europea y las opciones que nos dan los estándares abiertos para tener una internet más descentralizada.

CC:BY (Daniel Almada)

A diario nos comunicamos a través de WhatsApp: compartimos conversaciones con ex compañeros de colegio, decidimos sobre asuntos familiares y profesionales, vivimos el romance; muchas alegrías y tristezas suceden en esta plataforma. Casi todas las personas con un teléfono inteligente en América Latina utilizamos WhatsApp y somos más de 3 mil millones personas en el mundo.

Es así como Meta, dueña de WhatsApp, es responsable de las comunicaciones de gran parte del planeta. Es decir, una caída técnica, una prohibición de funcionamiento o un conflicto empresarial pueden tener consecuencias globales. Algo que ya ocurrió en el pasado y sobre lo cual reflexionamos en su momento.

Desde un punto de vista tecnopolítico, existe un problema de concentración de poder. Nuestras conversaciones fluyen a través de una de las aplicaciones de Meta. Si bien se supone que WhatsApp usa cifrado extremo a extremo, ya solo usar la aplicación implica entregarle nuestros metadatos. Esto quiere decir que nuestros contactos, con qué frecuencia hablamos con ellos, desde dónde y a qué hora, además de gran cantidad de información adicional, es recolectada por Meta por el simple hecho de usar sus servicios.

La concentración de poder no solo tiene implicancias en materia de privacidad. Por ejemplo, una aplicación de la cual dependen buena parte de las comunicaciones de la población podría verse amenazada por un conflicto geopolítico. Es decir, esta dependencia convierte a una herramienta de comunicación en un arma para el conflicto entre Estados.

A raíz de las revelaciones de Snowden, desde 2013 sabemos que EE. UU. utiliza las plataformas digitales de empresas estadounidenses para espiar las comunicaciones globales. Los embargos económicos de EE. UU. también implican restricciones en la adquisición de software a países como Cuba, Irán y Siria. Con estos antecedentes, cabe preguntarse: ¿qué pasaría si EE. UU. entrara en guerra con Europa a causa de Groenlandia? ¿WhatsApp funcionaría sin problemas para las personas europeas?

Este tipo de escenarios plantean preocupaciones globales que no son nuevas: desde distintas regiones y Estados del mundo existen múltiples intentos para tensionar la concentración económica, de datos y de poder en el entorno digital. En el caso de la Unión Europea (UE), tomaron la decisión de regular las plataformas digitales buscando establecer criterios y límites claros por medio de la Ley de Mercados Digitales (DMA por sus siglas en inglés).

Descentralizar la mensajería por ley

Los aspectos de concentración de poder, soberanía digital y privacidad, motivaron a la UE a crear la Ley DMA. Esta normativa busca regular a las empresas que dominan el mercado digital, denominadas en la legislación como “guardianes de acceso” (gatekeepers en inglés), para evitar abusos de poder, prácticas anticompetitivas y garantizar la interoperabilidad con plataformas más pequeñas. WhatsApp (Meta) fue designada como “gatekeeper” en 2023, entre otros motivos por tener más de 45 millones de personas usuarias activas al mes dentro de la UE. Esta condición le obliga a cumplir con los requisitos de la DMA, incluyendo la obligación de poder interoperar con plataformas más pequeñas.

La expectativa de una legislación de estas características es ambiciosa: permitir a las personas conversaciones a través de distintos servicios conectados. La consecuencia debería ser que quienes utilizan aplicaciones como Signal, Telegram, o plataformas europeas como Threema o Wire, se puedan comunicar con aquellas que tienen WhatsApp.

Sin embargo, la implementación conlleva una paradoja. La forma en la que está redactada la ley obliga a la plataforma que se quiere regular a que defina las reglas técnicas mediante las cuáles interactuaría con otras aplicaciones. La legislación estableció que hasta marzo de 2024, WhatsApp debía definir e implementar un plan para interactuar con otras plataformas. A fines de 2025, WhatsApp comenzó a interoperar con otras aplicaciones, pero solo con dos: Haiket y BirdyChat, recientemente creadas, y de las cuales se sabe muy poco.

Aplicaciones como Signal o Threema se oponen a la interoperatividad planteada por la DMA. Las dos empresas sostienen que su enfoque en favor de la privacidad y seguridad podría verse vulnerado al interactuar con otros proveedores ya que, de esta manera, no pueden asegurar el cuidado de los datos cuando pasan a manos de proveedores como WhatsApp. Al ser aplicaciones con bases de usuarios más pequeñas que WhatsApp, no son vistas como “guardianes de acceso” y por lo tanto no tienen obligación de cumplir con la DMA.

La ley podría así lograr que WhatsApp se conecte con aplicaciones irrelevantes, mientras que sus competidores más sólidos se mantienen al margen, dejando su dominio prácticamente intacto.

Los estándares abiertos y la idea de federación

Lo que la UE quiere hacer con WhatsApp es muy parecido a lo que se conoce como federación: un sistema donde plataformas independientes pueden comunicarse entre sí usando estándares abiertos. Un ejemplo es el correo electrónico: las personas que usan Gmail pueden comunicarse con otras que utilizan casillas de Outlook, Protonmail u otro proveedor. Si bien Gmail, con 1800 millones de usuarios, es un actor dominante en el terreno del correo electrónico, no es quien pone las reglas sobre las cuales se comunican los otros proveedores. Esto es posible gracias a protocolos consensuados como el “Protocolo Simple de Transferencia de Correo” (SMTP en inglés), sin la necesidad de intervención estatal.

Hay una diferencia clave: el correo electrónico surgió de la colaboración voluntaria entre desarrolladores que construyeron internet, acordando reglas para un sistema de correspondencia digital asincrónico y federado que previamente no existía.

Siguiendo la tradición de estándares federados, a inicios de este siglo surgió el “Protocolo extensible de mensajería y comunicación de presencia” (XMPP en inglés), inspirado en el servicio de correo electrónico donde las cuentas son del tipo usuario@dominio.com. Se trata de un protocolo conocido y utilizado por comunidades como las del software libre. Hasta 2013, Google Talk, el chat de Gmail en ese momento, implementaba este mecanismo mediante el cual una cuenta de Gmail podía comunicarse con cuentas de chat alojadas en servidores más pequeños y diversos.

Curiosamente, WhatsApp utiliza una versión modificada de XMPP conocida como FunXMPPque está optimizada para las necesidades de la aplicación y que además desactiva las funcionalidades de federación.

De todas formas, XMPP no es la única opción para comunicaciones de chat federadas. En 2014 se empezó a construir el protocolo Matrix con características similares a XMPP, pero con el cifrado extremo a extremo desarrollado como parte fundamental del protocolo, con el fin de cuidar su seguridad. En la actualidad, en Derechos Digitales utilizamos este estándar como la base de nuestra oficina virtual en un servidor manejado por nuestro equipo técnico. Incluso nos podemos comunicar con otras organizaciones que también van por el mismo camino: la apropiación de nuestras comunicaciones.

XMPP y Matrix no son protocolos perfectos y tienen muchos aspectos por mejorar. El primero tuvo un desarrollo lento y el soporte de chat cifrado entre extremos no fue adoptado por todos los servidores y clientes. Matrix resuelve el problema de cifrado extremo a extremo, pero también podría mejorar para establecerse como un estándar oficial. Igualmente, estos aspectos no opacan su relevancia como protocolos abiertos que sostienen el espíritu de la comunicación descentralizada y abierta que caracteriza a internet.

Fortalecer protocolos y estándares para una soberanía tecnológica

El intento de la UE apunta a fortalecer una internet más descentralizada y con menos concentración de poder en pocas empresas. Más allá de una perspectiva política, la apuesta refleja preocupaciones técnicas profundas sobre la resiliencia de las comunicaciones digitales a través de la independencia tecnológica, el cifrado y la interoperabilidad. Si bien representa un avance significativo, aún quedan dudas sobre la estrategia de dar el control sobre la forma de federarse a las aplicaciones que se quieren regular.

Por otro lado, las soluciones basadas en estándares abiertos, como XMPP y Matrix, ayudan a poner las mismas reglas para todas las aplicaciones que implementan el estándar. Es decir, en lugar de que WhatsApp defina cómo se comunica con el resto, el estándar abierto define las reglas por las que todas las partes se comunican entre sí. De esta manera, no se le da un poder especial a la aplicación que se pretende regular, similar a lo que sucede con el correo electrónico y Gmail.

Moverse a un sistema federado tiene ventajas como la independencia de proveedor, eliminar un único punto de fallo y la posibilidad de tener infraestructura propia para nuestras comunicaciones. También nos presenta retos: los organismos de estandarización técnicos deben acordar las actualizaciones de los estándares a futuro.

En América Latina, nuestros gobiernos ni se asoman a este tipo de discusiones, y somos pocas las comunidades que estamos reflexionando sobre estos temas. Sin embargo, los estándares abiertos están disponibles, y si organizaciones como Derechos Digitales pueden tener su propio servidor de chat federado, seguramente muchas otras también puedan emprender el mismo camino hacia una soberanía tecnológica cada vez mayor.