Belén Whittingslow vs. Paraguay

En contextos de marcada desigualdad de género como en Paraguay y la región, son bien sabidos los niveles de discriminación, estigmatización y denegatoria de justicia que se evidencian en los casos donde mujeres denuncian ser víctimas de acoso sexual. Pero ¿Qué sucede cuando el acoso se ejerce mediante medios digitales? La respuesta no sorprende: la desprotección se profundiza.

Es así que el caso de Belén no puede ser analizado de manera aislada del contexto donde sucede. Un contexto marcado por altos índices de impunidad en casos de violencia de género, incluyendo casos de acoso sexual. Paraguay ocupa el puesto 100 de 153 países del mundo y 23 de 25 países de la región en el Global Gender Gap Index del Foro Económico Mundial del 2020, con una prevalencia de violencia de género de 17,9%. En particular, el caso tiene relación con los elementos estructurales que invisibilizan el acoso sexual como una forma grave de violencia, que ocurre de manera extendida y con impunidad en diversos ámbitos, especialmente los educativos y laborales.

Cuando las violencias son ejercidas a través de medios digitales, como en el caso de Belén, la falta de acceso a la justicia se agrava en tanto este tipo de violencia no ha sido abordada de manera integral por la legislación y las políticas públicas en Paraguay, al no considerarse que las TIC o las nuevas tecnologías profundizan la desigualdad de género y reproducen y/o refuerzan la violencia. 

Así, el caso de Belén evidencia muy claramente la falta de reconocimiento, por parte del Estado paraguayo, de que la violencia de género en línea constituye una violación de derechos humanos y una forma de discriminación y violencia.  Así también como la falta de aplicación debida de los instrumentos internacionales fundamentales de derechos humanos.

El proceso kafkiano al que fue sometida Belén

Mientras Belén estudiaba derecho en la Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción” de Paraguay, fue víctima de acoso sexual por un profesor de la Universidad., En el momento de los hechos, el profesor era también agente estatal integrante del Consejo de la Magistratura y el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados de Paraguay, órganos con competencias fundamentales para el nombramiento y remoción de operadores judiciales.

El acoso sexual se inició de manera presencial dentro de la institución académica, en el marco de una relación estudiante-profesor, y continuó perpetuándose de manera digital, principalmente por medio de mensajes e imágenes enviadas a través de la aplicación instantánea de mensajería WhatsApp.

Tras una investigación deficiente y plagada de irregularidades, donde se destaca especialmente la negativa de realizar las pericias de los celulares (principal prueba del acoso), la denuncia fue desestimada.

La decisión fue ratificada mediante una resolución basada en estereotipos y prejuicios de género, donde el Fiscal Adjunto calificó el acoso sexual denunciado como una situación de “galanteo y cortejo”, ignorando abiertamente las manifestaciones de Belén y las pruebas adjuntadas que visibilizaban su clara disconformidad con la situación.

Sumado a esto, el sistema judicial fue utilizado como un medio para intimidarla y amenazarla. Así, inmediatamente después de la desestimación de la denuncia, Belén fue involucrada en dos procesos judiciales que continúan hasta el día de hoy.

Al día siguiente de haber sido notificada de la desestimación de la causa de acoso sexual, Belén fue imputada y posteriormente acusada penalmente sin pruebas en su contra, de haber pagado para falsificar calificaciones de la Universidad en exámenes que no rindió, dentro de la causa conocida como “Compra-nota”. Básicamente la Fiscalía presentó evidencias que correspondían a otras personas imputadas para sustentar los cargos, sin contar con ninguna que incrimine a Belén. Por otra parte, Belén se encuentra demandada en una acción civil por daños y perjuicios en la cual su acosador le reclama una indemnización de 450.000 USD, alegando que las declaraciones hechas por Belén  causaron daños a su imagen pública.

En ambas situaciones, la defensa de Belén ofreció reiteradamente la realización de la pericia de los teléfonos como forma de probar la conexión entre la denuncia de acoso con los dos procesos en cuestión. En la causa civil, resultaba especialmente evidente la necesidad de realizar la pericia dado que era la única forma de probar que las declaraciones no eran falsas. La producción de la prueba fue negada en ambos procesos. Vale destacar que uno de los argumentos utilizados en sede civil fue que la prueba ofrecida era sobreabundante e innecesaria por haber sido tratada en sede penal.

Por la causa penal de “compra-notas”, que está estrechamente vinculada a la intensificación de los mensajes e imágenes enviados a Beleén por su acosador, es que Beleén se encuentra actualmente como solicitante de refugio en Uruguay luego de que fuera declarada en rebeldía sin justificación legal, y fuera cancelada su defensa.

Marco internacional: pronunciamientos relevantes

Los instrumentos universales y regionales de derechos humanos establecen las obligaciones de los Estados de combatir todas las formas de discriminación contra la mujer, y de proteger sus derechos humanos, incluyendo el derecho de toda mujer a no ser objeto de violencia.

Si bien dichos cuerpos normativos no hacen referencia al ámbito digital- principalmente porque fueron elaborados previamente al desarrollo de Internet y las TICS- a medida que los espacios digitales se transforman y evolucionan, también deben hacerlo la aplicación y puesta en práctica de las normas de derechos humanos en ese sentido. Siguiendo el informe de la Relatora Especial sobre la violencia contra la mujer acerca de la violencia en línea de 2018, en el plano normativo, la interacción de la tecnología y las normas de derechos humanos de la mujer se caracteriza por el reconocimiento del principio de que los derechos de las personas también deben de estar protegidos en entornos digitales.

En el mismo sentido, la resolución aprobada por el Consejo de Derechos Humanos el 5 de Julio del 2018 reconoce que la definición de la violencia contra las mujeres y niñas se aplica de igual forma al espacio digital, condena todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas, incluida la violencia sexual y de género cometidas mediante el uso de las tecnologías digitales.

La CIDH ha manifestado que la violencia en Internet ha surgido como una nueva forma de violencia por razones de género, notando que se esté extendiendo rápidamente y que supone un peligro significativo. Mediante el informe “Violencia y discriminación contra mujeres, niñas y adolescentes: Buenas prácticas y desafíos en América Latina y en el Caribe”, reconoce que la violencia en línea contra las mujeres, adolescentes y niñas deriva en un riesgo elevado de actos violentos y de discriminación.

Conforme señalan las organizaciones litigantes, se espera que con la presentación de este caso ante el sistema interamericano,  llegue la tan esperada justicia para Belén y que el caso impulse a la generación de estándares interamericanos respecto a la violencia de género en línea, así como también políticas públicas adecuadas para la garantía de la independencia judicial en Paraguay. Desde Derechos Digitales, sumamos nuestras fuerzas a este caso que representa la realidad de muchas mujeres en la región.

La industria de la desinformación y el papel de las plataformas en los ataques a la democracia brasileña

Texto disponível em português

El pasado 8 de enero, Brasil vivió escenas de terrorismo y violencia con actos golpistas que atacaron la propiedad pública y la democracia. Esto actos fueron perpetrados en Brasilia, por simpatizantes del expresidente Jair Bolsonaro .

Como las investigaciones indican, hay indicios de graves falencias -y posiblemente incluso de indulgencia y perjurios- en la actuación de las autoridades encargadas de la inteligencia y seguridad en los edificios de los tres poderes de la República, pues no habrían previsto ni estaban preparados para la escala de los ataques, que se fue articulando paulatinamente en las semanas previas.

Según apunta la investigación del medio Desinformante, los ataques fueron convocados por redes sociales y en grupos en aplicaciones de mensajería. A lo largo de toda la semana previa a los actos golpistas, grupos y canales bolsonaristas lanzaron llamados «con todo pagado» para atraer manifestantes en Brasilia.

Según una investigación de Agência Pública, los simpatizantes de Bolsonaro utilizaron el código “Festa de Selma” para coordinar la invasión. La expresión, acuñada por Steven Bannon, alude al término «Selva», utilizado por los militares. La investigación además muestra que la expresión había sido utilizada libremente por los bolsonaristas durante días en redes sociales abiertas como Twitter.

Además, mientras destruían propiedades públicas e invadían edificios de la República, los terroristas fotografiaban, filmaban y transmitían en vivo sus actos de violencia en plataformas como Facebook, Instagram y Youtube.

Fue solo después de la decisión de la Corte Suprema de suspender los perfiles de las personas que participaron en los actos que las plataformas tomaron medidas. Como apunta un informe de SumofUs, así como en el episodio en el Capitolio de EE. UU. el 6 de enero de 2021, las plataformas digitales facilitaron los ataques terroristas al permitir que contenidos extremistas fueran ampliamente compartidos durante meses, y que contenidos favorables a un golpe de Estado se recomendaran activamente a los usuarios , incluyendo llamados explícitos a la violencia.

Frente a esto, el tema se vuelve urgente en el contexto de las discusiones sobre derechos digitales: ¿cuál es el papel y la responsabilidad de las plataformas digitales en situaciones de crisis democrática como la ocurrida en Brasil el pasado 8 de enero?

El contexto tecnopolítico de los ataques golpistas y el negacionismo electoral de Bolsonaro

Durante años, el expresidente Jair Bolsonaro y sus partidarios estuvieron haciendo campaña contra las máquinas de votación electrónica, cuestionando la integridad electoral y fortaleciendo una narrativa de fraude. Según el informe «Desinformación en línea y disputas electorales: Quince meses de publicaciones sobre fraude en urnas electrónicas y voto impreso auditable en Facebook», elaborado por el proyecto Democracia Digital, una iniciativa de Escola de Comunicação, Mídia e Informação da FGV, «Entre noviembre de 2020 y enero de 2022, Se encontraron 394.370 posts sobre fraude en máquinas de votación electrónica y votos impresos auditables, publicados por 27.840 cuentas, entre páginas, perfiles personales y grupos públicos”. Entre las doce cuentas que concentran el mayor volumen de interacciones (más de 1 millón cada una) en publicaciones de Facebook sobre fraude electoral y voto impreso, el perfil oficial de Jair Bolsonaro es uno de sus principales voceros, junto al de otros políticos que lo apoyan, indica el estudio.

Los ataques a las urnas electrónicas y el discurso de fraude electoral no solo se vieron fomentados por las declaraciones del expresidente y sus seguidores en las redes sociales. Hubo un intento efectivo de aprobar una enmienda a la Constitución (PEC 135/2019) para introducir «la emisión de papeletas físicas», que pasó a ser conocida como PEC do Voto Impresso.

El negacionismo electoral de Bolsonaro se fortalece desde hace tiempo en sus declaraciones y acciones, y también es estimulado por una industria de desinformación, teniendo las plataformas digitales como principal medio para producir y difundir sus narrativas.

Como lo muestra el estudio de NetLab/UFRJ y un experimento realizado por GlobalWitness, durante el período electoral, el sistema publicitario de Meta no detectó el aumento de contenido de desinformación que atacó la integridad de las elecciones brasileñas de 2022.

En 2022, más de 100 entidades de la sociedad civil y la academia se unieron a la campaña «Democracia Pede Socorro» y publicaron un informe y dos balances con advertencias y recomendaciones sobre el papel de las plataformas digitales en la protección de la integridad electoral brasileña.

Entre los aspectos más destacados, las entidades señalan que la protección de la integridad electoral debe incorporarse como un valor reflejado en las políticas de moderación de contenidos y en sus condiciones de uso, que no deben restringirse al período electoral. Además de adaptar sus políticas al contexto brasileño, las plataformas deben establecer protocolos de gestión para cualquier crisis institucional de gran escala, como el ocurrido el 8 de enero. Otro punto destacado en las recomendaciones es que las plataformas no deben permitir la difusión de contenidos con denuncias infundadas de fraude electoral o que puedan atentar contra la integridad electoral, ni manifestaciones infundadas de cuestionamiento del resultado electoral tras la divulgación del Tribunal Superior Electoral (TSE).

A pesar de los ataques bolsonaristas al proceso electoral, el 30 de octubre de 2022 él fue derrotado en las urnas. Desde el final de las elecciones, los simpatizantes de Bolsonaro han cuestionado los resultados de las urnas, pedido un golpe de Estado, bloquearon carreteras, ocuparon la puerta de los cuarteles e demandaron la intervención de las fuerzas armadas para revertir los resultados de las elecciones. Todas estas acciónes resultaron en los atentados del 8 de enero.

Democracia y plataformas digitales

Si bien un episodio complejo como el del 8 de enero está asociado a diferentes aspectos sociales, históricos, políticos y coyunturales, los atentados golpistas en Brasilia también nos revelan la insuficiencia de las políticas actuales de las plataformas para prevenir movilizaciones antidemocráticas a través de sus redes sociales y/o aplicaciones de mensajería, así como para contener la difusión de contenidos de desinformación relacionados con la integridad electoral.

La articulación golpista por medio de las plataformas es, en parte, uno de los efectos de años de campañas de desinformación perpetradas por una industria publicitaria que produce y difunde fake news, teorías conspirativas y discursos de odio en las redes sociales: y que fue, poco a poco, contribuyendo a la polarización de la sociedad brasileña y la radicalización de la extrema derecha.

Reconocer el papel de las plataformas en la crisis de la democracia brasileña no implica atribuir una causalidad directa entre el intento de golpe y la gobernanza de las plataformas, sino comprender la centralidad de las grandes tecnologías en la mediación de la comunicación política actual.

Para evitar nuevos ataques a otras democracias en otros contextos, discutir la responsabilidad de las plataformas es fundamental en los debates sobre la regulación de plataformas en Brasil y en toda América Latina para garantizar mecanismos más efectivos contra la desinformación, protocolos específicos y más consistentes para enfrentar procesos electorales y crisis institucionales, así como más transparencia y control por parte de la sociedad civil.

*Ejemplo de mensajes que circularon en Telegram: https://desinformante.com.br/atos-antidemocraticos-redes-sociais/

*Convocatoria a a actos golpistas en una red social usando el código «Festa de Selma» https://apublica.org/sentinela/2023/01/bolsonaristas-usam-codigo-festa-da-selma-para-coordenar-invasao-em-brasilia/

*Anna Bentes es profesora adjunta e investigadora de la Escuela de Comunicación, Medios e Información de la Fundación Gertúlio Vargas en Brasil y actualmente trabaja como investigadora visitante en Derechos Digitales analizando la difusión de desinformación en el contexto electoral brasileño. Es miembro del Consejo de la Red Lavits.

Sobre reivindicar el futuro

Hace décadas que nos enfrentamos a narrativas que intentan imponer una idea única de cómo las tecnologías irán a salvar o destruir a la humanidad. Navegamos entre extremos que van del optimismo al pesimismo, pero que se fundan en nociones deterministas de que las tecnologías – presentadas como neutrales – tienen por sí mismas, el poder de transformar el modo en que vivimos, para el bien o el mal.

Nociones tales como “inteligencia artificial” conllevan una idea de poder maquínico que oculta las varias capas de construcciones sociales y culturales que permiten operar a un sistema sociotécnico aplicado. Por ejemplo, al calcular si una mujer de piel negra está o no autorizada a entrar en determinado espacio, o si un video denunciando violencia policial será invisibilizado porque configura una violación de determinadas reglas de contenido en una plataforma de red social privada.

Estas narrativas no se quedan en el campo simbólico, sino que son instrumentos de poder que han sido movilizados para impulsar prácticas y políticas concretas, exclusivamente basadas en el determinismo tecnológico y a costa de la protección de los derechos humanos – como hemos identificado en distintos ámbitos- en los últimos años en América Latina.

Cuando el péndulo se inclina hacia el optimismo, observamos situaciones como la implementación de sistemas de reconocimiento facial en los más variados ámbitos y sin ninguna evidencia de que sean eficaces y libres de riesgos. A veces, incluso en ausencia de las infraestructuras necesarias para su implementación, lo que ha dejado cámaras sin uso en la región.

Cuando el péndulo se inclina hacia el pesimismo, se busca criminalizar tecnologías y las formas de utilizarlas, en vez de abordar los problemas que ese uso revela. Pudimos ver eso cuando la industria de entretenimiento emprendió su cruzada en contra de la piratería y las herramientas que permitían el acceso a contenidos protegidos por derechos de autor.

Pacto Digital Mundial

En la actualidad nos vemos atravesadas por diversas crisis sobrepuestas, algunas más visibles que otras. A la crisis ambiental se ha sumado la crisis de salud manifestada por la pandemia de COVID-19, además de las diversas crisis económicas, políticas, migratorias y sociales en la región. Pensar el futuro parece casi imposible frente a la incertidumbre que se impone.

Sin embargo, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres ha propuesto a los Estados construir una agenda de acción común que incluirá una Cumbre del Futuro y, en ese marco, desarrollar propuestas para el futuro digital. Según el Secretario General, la cooperación digital será crucial para que las tecnologías digitales se centren en el bien común y garanticen que «los daños potenciales del ámbito digital» no «corran el riesgo de eclipsar sus beneficios».

Un Enviado para la Tecnología fue designado por el Secretario General para liderar la construcción de un Pacto Digital Mundial, que parte de un proceso abierto y será finalmente definido por los gobiernos de todo el mundo.

Los temas puestos en discusión son: conectar a todas las personas a internet, incluyendo las escuelas; evitar la fragmentación; proteger los datos; aplicar los derechos humanos en línea; introducir criterios de responsabilidad para la discriminación y los contenidos engañosos; promover la regulación de la inteligencia artificial; el bien común digital como bien público global.

Hacia un futuro múltiple y multiplicado

No es la primera vez que la ONU lidera un proceso para pensar el rol de las tecnologías en la sociedad. Desde la primera Cumbre Mundial de la Sociedad de Información, hace 20 años, sabemos que los mismos derechos que las personas gozan fuera de línea, también deben ser protegidos en línea. Incluyendo la libertad de expresión, el acceso a la información y la privacidad.

Sabemos que existen brechas de acceso a las tecnologías entre los países y dentro de ellos. Sabemos que estas brechas incluyen brechas de género y que las violaciones a la privacidad afectan especialmente a niñes, mujeres y grupos vulnerables y marginalizados.

También sabemos que, además de los Estados, las empresas (incluidas las tecnológicas) tienen el deber de respetar y promover derechos humanos, y que las decisiones sobre gobernanza digital deben involucrar las múltiples partes interesadas: gobiernos, sector privado, academia y comunidad técnica, y la sociedad civil.

El Pacto Digital Mundial no puede retroceder en esos consensos, pero también debe ir mucho más allá. Debe escaparse de narrativas deterministas o polarizantes sobre tecnologías y pensar caminos que apunten a la superación de las brechas y desigualdades geopolíticas y sociales que se incrementan a raíz del desarrollo tecnológico.

Reconocemos que el proceso tiene límites y que debemos aún disputar los mecanismos para la participación de la sociedad civil en la redacción del texto final y en su implementación.

La consulta abierta llevada adelante por el Enviado para la Tecnología, disponible hasta el 31 de marzo, ofrece la oportunidad de incidir en la construcción de otras narrativas e imaginarios sobre tecnologías. Narrativas que no estén ancladas solamente en la protección de derechos y la búsqueda por justicia y equidad, sino también en siglos de conocimiento acumulado en la región sobre formas de pensar, hacer y relacionarse con las tecnologías, distintas al tecnosolucionismo predominante.

Escaparse de las trampas que nos encierran en un futuro controlado y monopolizado por modelos coloniales, extractivistas y de explotación es un desafío permanente. Podemos aprovechar la invitación de la ONU para atrevernos a experimentar e imaginar los múltiples futuros viables para nuestras sociedades.

¡Ahora es ya! Reconociendo desafíos y oportunidades desde la agenda internacional para las niñas en la era digital

Hoy en día nos encontramos con una desafiante brecha de acceso al internet entre hombres y mujeres. Según datos recientes de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) tal brecha es del 17% a nivel global, y puede llegar a un 52% dependiendo del país. En este contexto, un reciente estudio demostró que las niñas además enfrentan una inserción a herramientas digitales más tardía comparada con la de los niños, y usualmente es restringida por sus tutores/madres/padres. Además de la brecha actual de acceso, otras brechas son generadas por el cómo se enseña y motiva a las niñas y mujeres jóvenes a interesarse en carreras relacionadas con el área STEM (Ciencia, Tecnología, ingeniería y Matemáticas) y por cómo se presentan recurrentemente situaciones de ciberviolencia hacia mujeres y niñas.

Estos son algunos de los retos a los que nos enfrentamos en la era digital. Por lo tanto, este año es clave reflexionar, porque no solamente el 11 de febrero es el Día Internacional de las Niñas y las Tecnologías de la Información (TICs), sino también porque la temática de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer N°67 (CSW67) de este año es: “La innovación y el cambio tecnológico, y la educación en la era digital para lograr la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de todas las mujeres y las niñas”.

A través de esta columna, se identifican tres “por qué” claves en cuanto a estas temáticas.

¿Por qué hay que hablar de las niñas y las TICs?

Cuando las mujeres y las niñas tienen acceso a Internet y refuerzan sus habilidades para usar tecnologías digitales la sociedad se beneficia, como se indica a través de Bridging the Gender Divide. Según este estudio,  existiría un beneficio para el desarrollo de sus vidas, con mayores oportunidades educacionales, laborales y acceso a la información; explicando que sin cerrar esta brecha digital no sería posible lograr superar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. A su vez, el Foro Económico Mundial explica que 65% de los trabajos del futuro para niñas y niños serán plenamente dedicados a la innovación y a la tecnología, dónde las normas culturales e institucionales que no se actualizan generan límites bloqueando el potencial de las niñas en el área digital. Por último, de acuerdo con Plan International, la brecha tecnológica de género también afecta negativamente el potencial de crecimiento económico y desarrollo de los países explicando que, si en tres años 600 millones más de mujeres están conectadas a Internet, se traduciría en un aumento del PIB mundial de entre US$13 mil millones y US$18 mil millones.

Las tecnologías representan, efectivamente, innumerables oportunidades de fuentes de conocimiento, sobre todo considerando el potencial de cambio que poseen las herramientas tecnológicas para las niñas como futuras mujeres a nivel laboral, pero también como futuras líderes de cambio. Entendiendo que ya el 90% de los trabajos tienen un componente digital, se debe impulsar a que niñas se desarrollen y busquen oportunidades motivándolas desde las STEM.

Asimismo, la participación de niñas, mujeres y personas LGBTQIA+ en el espacio digital y la posibilidad de obtener sus beneficios solo se concretiza cuando tal espacio es seguro y receptivo. Factores como la seguridad digital y la respuesta a la violencia de género deben ser abordados no solo desde la regulación, pero también desde la industria, la cual actualmente es mayoritariamente masculina. Es clave contar con mayor participación de personas que representen a las diversidades en la producción tecnológica para avanzar hacia la construcción de espacios digitales seguros, receptivos y respetuosos, dónde compromisos y acciones concretas se muevan en tal dirección.

¿Por qué la CSW67 es importante para las niñas?

La CSW es una sesión de dos semanas organizada por Naciones Unidas donde Estados Miembros, líderes, organizaciones de la sociedad civil y personas con incidencia en la formulación de políticas públicas se reúnen para discutir avances y límites sobre los derechos de las mujeres e igualdad de género.

No se trata de una simple reunión, sino que también reafirma y fortalece los compromisos políticos de los actores previamente mencionados con los derechos de las mujeres y asegura la visibilidad de las temáticas por año. Allí se discuten temas emergentes y se promueve la generación de nuevos acercamientos de propuestas y acciones a las situaciones que mujeres y niñas enfrentan de forma desigual en el día a día.

La CSW67 de este año se llevará a cabo entre el 6 y el 17 de marzo, y es una instancia sumamente importante porque discutirá y establecerá la agenda sobre el cambio tecnológico en la era digital con perspectiva de género a nivel global.

Dentro de la temática principal de este año, existen diferentes temas que fueron destacados por la Reunión del Grupo Experto previo a la CSW67, entre los cuales se encuentran:

  • Las brechas de género en el acceso y las competencias digitales.
  • Ecosistemas de innovación inclusiva y transformación digital.
  • Tecnología e innovación transformadoras de género.
  • Abordar la violencia de género y la discriminación en línea y facilitadas por las TICs; y proteger los derechos de las mujeres y las niñas en línea.
  • La necesidad de mejorar las métricas y los datos desglosados sobre las dimensiones de género de la innovación, el cambio tecnológico y la educación en la era digital.

La CSW es una herramienta importante para las niñas y mujeres jóvenes, ya que en esta se pueden levantar temáticas en las cuales ellas se ven afectadas e involucradas en el día a día. Y de manera más importante, considerar a través de todo este proceso las perspectivas de niñas y mujeres jóvenes es imprescindible para que la agenda tenga una perspectiva multidimensional e integral. La transversalidad de género no puede ser efectiva si se dejan atrás estas perspectivas. Es por esto que la CSW cuenta con espacios –como el diálogo interactivo con representantes líderes juveniles– dónde se comparten experiencias, principios y prioridades relacionadas a la innovación y cambios tecnológicos.

Consecuentemente, el hecho de que estos temas sean posicionados desde perspectivas tanto de niñas y mujeres jóvenes como de profesionales expertos, la importancia recae en que se plasmarán diferentes precedentes, en formato de acciones e información en concordancia a la temática, que serán cruciales para el futuro desarrollo de la era digital con perspectiva de género.

¿Por qué todavía no se soluciona la brecha digital?

Es necesario comprender que temas tan amplios no tienen una sola solución, sino que como su complejidad demuestra, se deben considerar una gran cantidad de variables para aportar desde perspectivas de género. Sobre todo desde la interseccionalidad que reflexione a partir de miradas regionales y locales que complementen soluciones integrales.

La brecha digital depende de cómo se entrega prioridad a los recursos y oportunidades para niñas en las TICs y muchas veces esto representa una dificultad, especialmente cuando los Estados no poseen recursos suficientes para esto. Dado lo anterior, existen múltiples iniciativas desde la sociedad civil para aportar para el desarrollo de estas temáticas para niñas y mujeres a nivel regional y global, desde Derechos Digitales existen diferentes instancias, desde publicaciones (clic aquí para la más actual), levantando proyectos como el Fondo de Respuesta Rápida hasta participando en instancias internacionales, tales como la CSW67.

Se precisan, a futuro, medidas que consideren el esfuerzo y compromiso de distintas partes, y a partir de instancias internacionales, como la CSW67, existe la oportunidad de considerar múltiples perspectivas para identificar las necesidades, prioridades y acciones que se requieren para avanzar hacia la igualdad de género, disminuir la brecha digital y mejorar el futuro para las niñas y las TICs.

Mensajería segura ¿y también federada?

Después de cinco años de trabajo, el protocolo de Seguridad en la Capa de Mensajería (MLS por sus siglas en inglés) será publicado próximamente por IETF, la principal organización para la definición de estándares de internet. El objetivo principal de este protocolo es facilitar la comunicación cifrada de extremo a extremo entre dos o más personas, quienes pueden utilizar uno o más dispositivos (por ejemplo, utilizar una misma aplicación de mensajería en el celular y el computador). Hasta hoy, algunas aplicaciones como Signal tienen esta capacidad, pero lo hacen por su cuenta y las personas usuarias deben confiar en que pueden hacerlo, y cómo.

Al ser un estándar abierto, MLS es un acuerdo común sobre cómo debe transportarse la información cifrada en sistemas de mensajería instantánea, una vez se ha establecido la comunicación. Por eso, no se ocupa de cuestiones -también importantes para la seguridad- como la autenticación de la identidad de quienes participan de la comunicación y el envío de los mensajes. Solo se trata del transporte. Pero sobre esto volveremos más adelante. Por ahora, es importante mencionar que la publicación de un estándar no garantiza su implementación.

Al igual que Signal, aplicaciones como Whatsapp (con alrededor de 2.400 millones de personas usuarias a finales de 2022) también cifran las comunicaciones, y dada su popularidad es muy probable que sean de las primeras en implementar MLS, ajustándolo a sus necesidades. ¿Qué quiere decir esto? MLS, como muchos protocolos para la privacidad que se han desarrollado en los últimos años, se basan en una mayor complejidad técnica, así como en requerimientos de mayor infraestructura para ser desplegados. Con esto, las empresas más grandes tienen mejores capacidades para implementarlos, sin necesidad de compartir los códigos. Y es así como mantienen su posición dominante en el mercado.

La buena noticia es que existe OpenMLS, un proyecto de implementación de código abierto que permite integrar MLS en cualquier aplicación que incluya mensajería instantánea. La existencia de este tipo de implementaciones contribuye a descentralizar el mercado de internet y también a fortalecer la confianza en los sistemas que utilizamos, pues cuando solo las grandes empresas ofrecen un servicio (como la mensajería instantánea) y nos prometen respetar nuestra privacidad utilizando códigos cerrados, no tenemos más opción que creerles. Pero si el código está abierto, más empresas y personas (con capacidad técnica y de cómputo) pueden instalar y auditar estos sistemas, y es más probable que confiemos en alguna de ellas.

Justamente para limitar el poder de las grandes plataformas digitales, en mayo de 2022 el Parlamento Europeo publicó el Digital Markets Act (DMA), una regulación que en su artículo 7 exige la interoperabilidad entre sistemas de mensajería. Aunque la interoperabilidad, e incluso la federación, han estado en la discusión de MLS desde sus comienzos, esta nueva regulación ha motivado la conformación de un nuevo grupo de trabajo denominado Más Interoperabilidad en la Mensajería Instantánea (mimi), donde se busca encontrar mecanismos para la autenticación de identidad y el envío de mensajes, compatibles con el transporte cifrado de información que ofrece MLS.

¿Qué quiere decir esto? Que varias entidades (empresas, personas) pueden operar servicios MLS independientes. Es decir, que tanto la autenticación como el envío de mensajes no deben ser gestionados por la misma entidad, pero cualquier entidad debe garantizar la seguridad (el cifrado) que ofrece MLS. Protocolos como Matrix soportan el cifrado de extremo a extremo y además la federación. Como puede pasar con cualquier sistema, este protocolo presenta ciertas limitaciones para la garantía plena de la privacidad. En su caso, principalmente por la cantidad de metadatos que requiere para establecer las comunicaciones.

Otra buena noticia es que proyectos como Matrix o Phoenix (involucrado en OpenMLS) están contribuyendo en el grupo de trabajo mimi en IETF. Y aunque este grupo no pretende ocuparse del procesamiento de metadatos, la última buena noticia es que, aún cuando hace tiempo se ha hablado de esto, actualmente en el Comité de Arquitectura de Internet (IAB por sus sigles en inglés), el órgano decisor dentro de IETF, se está desarrollando un documento sobre la minimización de datos como principio necesario para el respeto a la privacidad.

Si bien desde América Latina no es sencillo seguir, involucrarse ni mucho menos contribuir activamente en muchos de los procesos que se adelantan en cuerpos de estandarización como IETF, vale la pena saber que, también allí, hay personas comprometidas con la privacidad, la descentralización y, en últimas, la posibilidad de utilizar internet con cierta autonomía todavía.

Las personas al centro: la apertura en las políticas de ciberseguridad

A mediados de 2022 el gobierno de Chile anunció la designación del nuevo Coordinador Nacional de Ciberseguridad: el Dr. Daniel Álvarez (uno de los fundadores de Derechos Digitales).

La nueva autoridad llegó anunciando dos misiones concretas y cruciales: la evaluación de la Política Nacional de Ciberseguridad 2017-2022, y el desarrollo de su sucesora, una nueva Política Nacional de Ciberseguridad 2023-2028, como cuestiones que se desarrollarán de forma paralela.

El esfuerzo viene acompañado de otros sucesos. A nivel nacional, el avance en la extendida discusión de una reforma profunda a la ley de datos personales, y el retrasado pero recuperado debate de una ley marco de ciberseguridad muestran un contexto de avance en varios frentes.

A nivel internacional, Chile sigue junto a varios países de la región negociando normas no vinculantes para el ciberespacio o “cibernormas” para el comportamiento de los estados en el ciberespacio en un grupo de trabajo de la Primera Comisión de Naciones Unidas, y reglas de combate e investigación de ciberdelitos en el Comité Especial designado en la Tercera Comisión.

Hay un aspecto que sobresale ahora que el proceso de una nueva PNCS está en curso: la participación ciudadana en la definición de posturas y medidas oficiales relacionadas con la seguridad en el ciberespacio.

Proteger personas, no máquinas

La discusión por el desarrollo de reglas, principios y normas no vinculantes para el comportamiento de los estados en el ciberespacio, que lleva varios años y varias iteraciones en el OEWG de la ONU, parece ir encaminada con buenas intenciones en ese sentido.

Con insistencia de organizaciones de la sociedad civil y la academia, y con el apoyo de varios Estados (también de Latinoamérica), se ha destacado la necesidad de poner a las personas y los derechos humanos no solamente en el centro de los esfuerzos de protección, sino también como parte de la discusión en el OEWG.

No obstante, resulta un desafío permanente que la implementación de las normas no vinculantes sea efectivamente un espacio para la participación. Con frecuencia, da la impresión de que ciertos aspectos de la implementación de estas normas no vinculantes son más bien un asunto eminentemente técnico, donde la experiencia, la pericia y la perspectiva de múltiples partes interesadas, distintas del Estado y algunas empresas de seguridad, no tiene un espacio.

¿Es posible confiar en que los Estados incorporen a distintas partes interesadas al momento de implementar normas no vinculantes? ¿Es posible esperar al menos el compromiso de una mayor interacción a través de sus programas y estrategias de ciberseguridad? Ello depende fundamentalmente de la forma en que cada Estado observa, e integra, los aportes de esos distintos actores.

Los próximos pasos

Hace varios años, cuando analizamos los niveles y el impacto de la participación de múltiples partes interesadas en la formulación de la PNCS 2017-2022 de Chile, observamos con grata sorpresa lo que resultaba un positivo ejemplo. La convocatoria del gobierno de la época para sostener reuniones con distintas partes interesadas y de abrir la consulta pública a cualquier persona que quisiera intervenir, se vio reflejada en un texto final que efectivamente incorporaba cambios coincidentes con propuestas desde fuera del gobierno.

En nuestra opinión, esa mayor interacción permitió no solamente mejorar la comprensión y las capacidades entre distintos actores (Estado incluido), sino también dotar a la PNCS 2017-2022 de mayor calidad y legitimidad.

Un informe de la OEA y GPD, lanzado públicamente a fines de junio de 2022, daba cuenta de la experiencia en la región, relevando los procesos que integraron de distinto modo a la participación multisectorial. Tan solo falta que esa apertura se adopte como norma no vinculante a nivel global.

Creemos firmemente que las distintas partes interesadas, especialmente aquellas dedicadas a la promoción de derechos humanos o que representan a grupos especialmente vulnerables a ataques cibernéticos, son actores relevantes en la formulación y en la implementación de políticas sobre el ciberespacio, facilitando la capacitación, proponiendo políticas o medidas concretas, y ayudando a la sensibilización en cuestiones de seguridad digital.

Con esa experiencia, el nivel en materia de participación para una estrategia de ciberseguridad no debería ser un menor que en la ocasión anterior. No obstante, hasta ahora es poco lo que hemos encontrado en mejoras sustantivas.

Es positivo que la política chilena sea objeto de evaluación, como también que el nuevo proceso esté marcado por una mayor participación en audiencias. Pero todavía restan dudas, de cara a la ciudadanía, sobre cuáles son las fechas, etapas e instancias de interacción directa con el proceso, como también extrañamos una difusión amplia de las medidas que se adoptarán hacer de la elaboración un proceso abierto, transparente e inclusivo.

Que las experiencias pasadas se conviertan efectivamente en lecciones aprendidas tanto de lo nacional como de lo regional y mundial, depende ahora de las autoridades. La sociedad civil está atenta.

Los Estados tienen la obligación de reforzar y no poner en peligro los derechos humanos

Como les contamos en abril del año pasado, se encuentra en marcha y avanzando a paso firme la elaboración de una “Convención internacional integral sobre la lucha contra la utilización de las tecnologías de la información y las comunicaciones con fines delictivos” por un Comité Especial (el “Comité Ad Hoc”) en el seno de Naciones Unidas. 

Derechos Digitales participó de la cuarta sesión de trabajo del Comité Ad Hoc que tuvo lugar en Viena entre el 9 y 20 de enero. En esta columna queremos compartir con ustedes nuestras principales preocupaciones, y por qué creemos que se trata de un tema al que todos deberíamos prestarle más atención desde América Latina.

El trabajo de la cuarta sesión se centró en la revisión de un documento de negociación consolidado (DNC). Previo a la sesión, y en conocimiento del documento preparamos en conjunto con otras 79 organizaciones de sociedad civil, una carta para comunicar al Comité y los Estados nuestras preocupaciones.

Desde el inicio del proceso no hemos estado convencidos de la necesidad de una Convención global sobre ciberdelincuencia. Sin embargo, a través de esta nueva carta, reiteramos la necesidad de un enfoque basado en los derechos humanos para su redacción.

Nuestras preocupaciones se centran en la necesidad de garantizar que los derechos fundamentales tengan prioridad en la forma en la cual se definen los delitos cibernéticos, la forma de producir pruebas respecto de ellos, y al establecer mecanismos de cooperación internacional o de asistencia técnica. 

Lamentablemente, el texto examinado en esta cuarta sesión todavía resulta demasiado amplio en su alcance y no se limita solamente a los delitos cibernéticos en los que la tecnología es parte esencial del delito.

El texto se  expande de forma ambigua hacia otros delitos -muchas veces ya regulados- cuando pueden ser facilitados o cometidos a través del uso de tecnologías de la información. Lo anterior es incompatible con obligaciones internacionales de derechos humanos, y amenaza con criminalizar las actividades legítimas con propósitos de interés público como el trabajo de periodistas e investigadores de seguridad. 

Estuvo en el centro de las discusiones la cuestión de reducir el ámbito de alcance de los delitos contemplados en la Convención a aquellos esencialmente vinculados con el uso de la tecnología, y no expandirlo a los que son meramente facilitados por ella. 

Muchos estados manifestaron su preocupación por la excesiva expansión del listado de delitos considerados, sin embargo al término de las negociaciones la criminalización expansiva de delitos de expresión sigue estando presente en el texto.

También hay en el texto limitadas salvaguardias respecto de los ciberdelitos definidos que pueden impactar negativamente en las actividades legítimas de periodistas, informantes, defensores de derechos humanos, investigadores de seguridad y de ciencias sociales, niños y adolescentes, mujeres, diversidades sexuales, grupos vulnerables, opositores políticos, víctimas de delitos, entre otros. 

Qué nos preocupa, por qué y por qué te debe importar

Organizaciones de la sociedad civil, empresas y organismos internacionales como la Oficina del Alto Comisionado en Derechos Humanos presentaron diversas preocupaciones sobre los temas discutidos en la sesión. Sin intentar ser exhaustivos en la lista, queremos llamar la atención sobre algunos puntos que nos parecen cruciales,  en los que se requiere que el texto de la futura Convención continúe refinándose de cara a la presentación del borrador cero.

Particularmente nos preocupan áreas en las que resulta crucial la atención de los representantes de gobiernos de nuestra región para garantizar la adecuada protección de derechos fundamentales en la persecución del ciberdelito, con miras a la realidad normativa e institucional de América Latina.

También nos ocupan cuestiones que creemos que merecen atención general, por el impacto que pueden tener en la habilidad de ejercer la libertad de expresión, el acceso a la información y resguardar la privacidad. 

Riesgos de criminalización de la labor de investigadores de seguridad y ciencias sociales, periodistas y defensores de derechos humanos

El texto necesita incorporar en los delitos esencialmente vinculados con el uso de la tecnología la referencia a que la acción sancionada debe sobrepasar barreras técnicas. Solo así podrá evitar la ambigüedad de que la violación de términos y condiciones de servicio o políticas de seguridad establecidas por empresas privadas puedan permitir criminalizar la investigación de interés público en el funcionamiento de sistemas informáticos.

Delitos de expresión propuestos son una herramienta para la censura y la represión

Algunos delitos propuestos, como los delitos relacionados con el extremismo o con el terrorismo, son incompatibles con los estándares internacionales de libertad de expresión y pueden ser utilizados por los estados con fines represivos y de control social. Adicionalmente, no existen definiciones uniformes de estos conceptos en el derecho internacional, y muchos estados se basan en esta ambigüedad para justificar abusos contra los derechos humanos.

Respeto por la evolución progresiva de niños y adolescentes

Los artículos referidos a la criminalización de los usos de material de abuso sexual a menores han sido en general acogidos como necesarios por los Estados parte de la negociación. Sin embargo, muchos han afirmado la necesidad de asegurar la consistencia con otros instrumentos en que la materia se regula y ya han sido adoptados, cuestión que aún no se ve bien reflejada en en el texto.

Resulta preocupante que las redacciones discutidas no reflejen aún la necesidad de que, tal como lo afirmó UNICEF en sus aportes durante la tercera consulta intersesional, se considere la evolución de los adolescentes, evitando criminalizarlos por actividad sexual consentida y sin explotación, siempre que no haya elementos de coerción, abuso de confianza o dependencia entre los adolescentes. No se debe responsabilizar penalmente a niños por la generación, posesión o intercambio voluntario y consensuado de contenido sexual de sí mismo u otros, únicamente para su uso privado.

Hay también algunas provisiones que extienden la criminalización a dibujos u otras representaciones visuales o auditivas creíbles de niños que amenazan considerablemente la libertad de expresión y las expresiones artísticas. 

Limitación de la distribución de imágenes sexuales no consentidas a expensas de la autonomía de las víctimas

En el caso de la criminalización de la distribución de imágenes íntimas no consentidas y otras conductas relativas a adultos que involucran el uso de imágenes de contenido sexual con fines de acoso, intimidación o extorsión, resulta preocupante la excesiva vaguedad de la forma en la cual se define el elemento de falta consentimiento respecto de tales materiales, lo que arriesga a una sobrecriminalización.

También preocupa  la ausencia de excepciones a la tenencia, uso o distribución de imágenes que pueden tener un interés público, como la cobertura periodística, la atención y acompañamiento de víctimas, o la misma investigación de las conductas. a criminalización de este tipo de conductas no parece contar con una visión centrada en la víctima.uchas veces lo  primoridal es evitar la revictimización a través de procesos criminales, y manifestar preferencia por otro tipo de mecanismos que puedan ser más eficaces en limitar la distribución del material respectivo considerado lesivo.

Salvaguardas de derechos humanos excesivamente débiles

Desde la sociedad civil y de muchos estados comprometidos con los derechos fundamentales se celebró la incorporación de dos artículos -uno en las provisiones generales y otro en las procedimentales- en los que se aborda la protección de los derechos humanos y el respeto por las consideraciones de género y las condiciones de grupos vulnerables.  Sin embargo, esas protecciones se diluyen en las demás disposiciones de la Convención.

Es necesario que el capítulo de medidas procesales exija autorización judicial previa para los poderes intrusivos que se consagran, así como para garantizar explícitamente el derecho a un recurso efectivo. Resulta esencial retener la referencia a los principios de legalidad, necesidad y proporcionalidad, y al reconocimiento de la privacidad como derecho humano. 

Ambigüedades que favorecen el hacking estatal, los intentos de retención masiva de datos y el debilitamiento del uso de tecnologías de privacidad

Las provisiones procesales están redactadas de manera poco precisa.  De este modo, pueden ser usadas como una excusa para justificar la vigilancia masiva de las comunicaciones y dan la posibilidad a los gobiernos de desarrollar acciones ofensivas que debiliten la seguridad de los sistemas a través de puertas traseras en tecnologías de privacidad -como el cifrado- u operaciones de hacking que se beneficien de la explotación de vulnerabilidades, forzando a los proveedores de servicios de internet a transformarse en colaboradores de estas prácticas, que pueden ser tremendamente dañinas para la seguridad integral de los sistemas.

¡Ojo acá, Latinoamérica!

Esta Convención tiene el potencial de impactar profundamente en millones de personas en todo el mundo, y es por esto que debemos dejar muy claro que la lucha global contra el ciberdelito no debe socavar el respeto por los derechos humanos.

En abril el Comité Ad Hoc volverá a reunirse para continuar la revisión del texto y esperamos muchos más ojos atentos a la posición de los gobiernos de América Latina en estas cuestiones escenciales para el ejercicio de nuestros derechos fundamentales.

UNESCO: Un proceso opaco y recomendaciones problemáticas para la regulación de las plataformas digitales

Texto disponível em português.

Text available in English.

A fines de 2022, y de forma completamente sorpresiva, UNESCO inició un proceso de consulta para la generación de una guía para la regulación de las plataformas digitales.En noviembre de ese año, Derechos Digitales fue una de las organizaciones latinoamericanas que tuvo la oportunidad de participar de una consulta sobre el documento inicial, que contenía distintos aspectos problemáticas y al que hicimos varias puntualizaciones. Sin embargo, justo antes de las festividades de fin de año UNESCO inicio un proceso de consulta pública sobre una segunda versión del documento, que solo está disponible en inglés y francés.

La fecha límite para la realización de comentarios es el 20 de enero. UNESCO ha convocado una conferencia global, que tendrá lugar del 21 al 23 de febrero en su sede en París, y se ha anunciado que antes del evento se hará disponible una nueva versión del documento.

Lo primero que llama la atención es la premura y opacidad con la que se ha actuado y que no se condice con la manera en que se han desarrollado otros procesos de producción de lineamientos en materias relativas a internet. Por ejemplo, el proceso de construcción de los Indicadores de Universalidad de Internet (Principios ROAM) estuvo acompañado de un amplio proceso de participación abierta de múltiples partes interesadas. Por su parte, la conceptualización del documento “Por un internet confiable – Regular las Plataformas Digitales de Información como Bien Común” fue acompañada por un grupo de expertos sobre los que existe poca o ninguna información disponible.

Consideramos que el actual proceso presenta fallas desde su inicio, las que dificultan la participación efectiva de la sociedad civil organizada. Consideramos además que la producción de un documento que siga por la senda ya delineada pone en riesgo el ejercicio de derechos humanos, especialmente en los países de la “mayoría global”, que son los más ávidos por contar con guías de esta naturaleza, provenientes de organismos internacionales para la toma de decisión sobre sus regulaciones internas.

¿Qué nos preocupa?

Además de la escasa apertura y transparencia de proceso, en los comentarios realizados al documento compartido durante la consulta regional, hicimos varias críticas de fondo.

En primer lugar, existe una falta de definición respecto de los objetivos del documento. En su versión pública, el borrador indica que su propósito sería la «orientación de alto nivel para los Estados miembros y otras partes interesadas relevantes que están considerando cómo regular el contenido en línea». Sin embargo, a través de una lectura cuidadosa del documento, encontramos que todavía hay una oscilación entre establecer estándares y proporcionar guías, por lo que el objetivo continúa
siendo dudoso.

Una deficiencia fundamental de la propuesta tiene que ver con la conceptualización de lo que se propone. Hay problemas de falta de definición de conceptos clave. Por ejemplo, no hay claridad respecto a qué se entiende por “información como bien público”. Al mismo tiempo, es difícil encontrar conexión con experiencias previas de la propia UNESCO, por lo que no se ve claramente cómo el documento sirve para confirmar este concepto. Nos preocupa de sobremanera que este concepto aluda a una visión aséptica del espacio informacional, que es incompatible con el pluralismo y diversidad, que son parte esencial de la libertad de expresión.

Por otra parte, no se define específicamente cuál sería el contenido potencialmente dañino para la democracia y los derechos humanos que la propuesta busca combatir, a pesar de reconocer la falta de consenso global sobre la definición de lo que constituye contenido potencialmente dañino.

Tal como se presenta, el documento promueve la censura previa por parte de las plataformas y es incompatible con el artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Definir los conceptos es muy importante en la tarea de regular las plataformas. Sin embargo el más reciente borrador indica que esta conceptualización aún se está elaborando y se agregará en la próxima versión.

También se pierde la oportunidad de abordar problemas más sistémicos relacionados con el modelo de negocios basado en la explotación de datos personales de las grandes plataformas, sin atacar el problema de fondo, estrategia regulatoria que Shoshana Zuboff ha calificado como insuficiente pues «los daños sociales se aíslan y se tratan como crisis sin sentido«. 

Las recomendaciones deben apuntar a las causas que producen determinados efectos sobre la moderación de contenidos, algo que no hace actualmente la propuesta aduciendo la complejidad de la coordinación con otros campos regulatorios.

Volver a comenzar, con un proceso confiable

Organizaciones de la sociedad civil, como Article 19, y redes de múltiples partes interesadas, como la Global Network Initiative (GNI) —de la que Derechos Digitales es miembro— han publicado posiciones que critican tanto el proceso como el contenido de la propuesta de la UNESCO. Consideramos que no es posible aprobar ningún documento o declaración en la conferencia que comienza en unos días en París, debido a este proceso turbulento y a la falta de definición de lo que la UNESCO y sus países miembros quieren hacer con este proceso.

Desde Derechos Digitales recomendamos no apresurar el proceso, pues se necesita realizar una consulta significativa y con múltiples partes interesadas.

En lo sustancial, nuestra recomendación es que la propuesta se centre en donde su contribución podría ser más útil, conforme a estándares internacionales de derechos humanos y a las guías de implementación provistas por los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos y Empresas. De este modo, debería concentrarse en aspectos tales como obligaciones de transparencia para las plataformas; procesos de reclamo expeditos y regidos por el principio de debido proceso en relación a decisiones de moderación de contenido; debida diligencia en la evaluación y mitigación de riesgos de las plataformas; mecanismos de reclamación, revisión y reparación en caso de decisiones erróneas, como se indica, por ejemplo, en los reportes de Al Sur sobre responsabilidad de intermediarios y moderación de contenidos desde una perspectiva latinoamericana.

Para lograr construir una internet confiable, desde hace años sabemos que los procesos de discusión, regulación y normalización también deben ser confiables, abiertos y transparentes, con un enfoque de múltiples partes interesadas y una participación significativa de la sociedad civil.

UNESCO tiene en sus manos todos los elementos para contribuir positivamente a este entorno, solo resta ponerlo en práctica de manera responsable, con un proceso transparente, con instancias adecuadas y el tiempo necesario de discusión.

Derechos digitales en América Latina: un problema en capas

A mediados de 2019, Derechos Digitales abrió las postulaciones al Fondo de Respuesta Rápida para la Protección de Derechos Digitales en América Latina (FRR), concebido como una manera de responder a las necesidad de las organizaciones y activistas trabajando en la región, ante situaciones urgentes que no pueden ser atendidas por el ciclo regular de financiamiento. El objetivo es contribuir a la construcción de un entorno digital libre y abierto, mediante una opción flexible, sin fechas restrictivas y minimizando los requisitos burocráticos. Al ser un fondo creado en Latinoamérica para Latinoamérica, se reducen también las brechas de idiomas que pueden tener algunos fondos.

Al poco tiempo de haber comenzado sus operaciones, el panorama mundial cambió radicalmente debido a la rápida expansión del COVID-19 y las distintas medidas adoptadas por los gobiernos para hacerle frente, muchas de ellas de carácter tecnológico, lo que conllevo la magnificación y multiplicación de situaciones de riesgo en distintas dimensiones de la cotidianidad. El riesgo de pasar por encima de los derechos humanos, usando como excusa la pandemia, fue una justificación común para la implementación de mecanismos y tecnologías sin la suficiente probidad. Las organizaciones y activistas de la región levantaron la voz, demostrando de paso los derechos digitales no son una preocupación de nichos, sino de todas las comunidades.

Esto hizo que el FRR tuviera una posición privilegiada para comprender el impacto de las amenazas a los derechos humanos en entornos digitales, no como algo teórico y reservado para discusiones especializadas, sino como una situación que pone en desventaja y vulnerabilidad a comunidades y grupos enteros. El contacto directo con organizaciones y activistas durante la pandemia ha hecho que el FRR funcione como línea de atención primaria, que puede dar pistas sobre potenciales problemas estructurales que involucran a los derechos digitales. Da la oportunidad de ver dónde están las dolencias y carencias más importantes, junto con potenciales áreas que serán relevantes en el futuro cercano.

Capas de problemas

Hay que tener en cuenta que, al hablar de América Latina, debemos dar cuenta de las profundas diferencias. En cuestiones de internet, un país puede no ser la unidad descriptiva más adecuada. Más bien, el mapa se configura por capas, es decir niveles o tipos de problemas, y diversas capas pueden estar presente en un mismo país y los mismos retos pueden presentarse en las mismas zonas de varios países.

Por ejemplo, un país puede estar enfrentando problemas con la violencia en línea o con la implementación de tecnología de reconocimiento facial y, al mismo tiempo, tener regiones que estén luchando por tener un acceso significativo a internet que habilite el ejercicios de derechos o comunidades que estén decidiendo cómo conectarse de forma independiente. Países que puedan ser considerados aventajados en la conectividad, pueden no garantizar la calidad de la conectividad, complejizando la aproximación al problema y señalando la necesidad de mejores indicadores de inserción.

Desde el FRR se observan al menos tres capas de trabajo con los derechos digitales:

  • La capa principal son los retos de conectividad y cobertura, así como capacitación, educación y entrenamiento en el uso de Internet que permita el uso y goce de derechos;
  • En la capa media se encuentran los usos y el monitoreo de las actividades de internet que afectan directamente a grupos y personas, como violencia en línea, ataques en línea, acoso a personas y organizaciones, entre otros;
  • Y la tercera capa es de políticas públicas, implementadas por gobiernos nacionales o locales para el uso de tecnología, con poca probidad en la garantía de derechos y sin participación de las comunidades en la toma de decisión.

La descripción de estas capas es un esfuerzo por sistematizar la diversidad que coexiste en Latinoamérica.

Ciertamente, hay prioridades diferentes por países en cuanto a los derechos digitales y su impacto social. Por ejemplo, las consecuencias del censo digital, la implementación de tecnologías de reconocimiento facial en espacios públicos, el impacto de la minería cripto o la violencia basada en género, que sirven para esbozar prioridades futuras en la región y quedan como antecedentes de lo que puede pasar en otros países.

En tanto, constatamos en terreno y con  la experiencia adquirida, más otros esfuerzos de monitoreo, que las zonas rurales de la región son las que más carecen de acceso y herramientas para la conectividad, aunque el porcentaje de cobertura haya crecido en los últimos años. Esto se traduce en una cadena causal visible: menos recursos, menos capacidad de acceso a internet de calidad, menos capacidad de participación y, en consecuencia, las comunidades se hacen más invisibles y con menos capacidad de ejercer sus derechos humanos de participación pública, libertad de asociación, acceso a la información pública y libertad de expresión.

Los indicadores de cobertura, aun cuando cuentan con información de avances, necesitan complementarse con el uso real que tienen las comunidades, cómo se integran estas al uso de internet, qué herramientas de seguridad tienen y, también, qué posibilidades de conectividad independiente podrían lograr. Información que sí manejan o tienen capacidad de recolectar las organizaciones y activistas que hacen trabajo comunitario.

Ya en el 2023, con una pandemia disminuida en fuerza, la prioridad de atender las situaciones urgentes e importantes de los derechos digitales consolida la misión del FRR.

¿Tienes un proyecto que te gustaría postular al FRR? Más información aquí.

Mastodon: rumbo al Fediverso

Las redes sociales como Facebook, Instagram, Twitter y TikTok tienen una estructura centralizada y se caracterizan por tener un dueño que decide las reglas de su funcionamiento. Estas reglas pueden definir cuál contenido es aceptable y cuál no, cuándo suspender una cuenta, qué datos recolectar y qué hacer con los mismos. Las personas que usan estas redes no tienen posibilidad de incidir sobre las reglas que las rigen. Eso es un problema porque parte importante de la interacción social sucede en estos espacios.

Twitter es una fuente relevante de información y un espacio para el debate político en muchos países. Elon Musk compró esta plataforma por más de cuarenta mil millones de dólares y comenzó a tomar decisiones polémicas. Una de las primeras fue despedir a cerca de la mitad de sus empleados. Intentó realizar cambios como el “check-azul” de verificación y suspendió la cuenta que reportaba la ubicación de su avión privado. Varios periodistas que reportaron sobre estos sucesos terminaron con sus cuentas suspendidas.

Estos sucesos provocaron malestar en muchas personas, que buscaron alternativas. El nombre Mastodon comenzó a hacerse cada vez más conocido. Se trata de una plataforma de microblog, similar a Twitter, que permite compartir contenidos cortos y suscribirse a las publicaciones de las demás personas. Si bien son sistemas parecidos, existen al menos tres características que hacen Mastodon diferente de Twitter: es software libre, es un sistema federado y además forma parte de algo más grande que se conoce como el “Fediverso”.

Al igual que Twitter, Mastodon es un sistema cliente-servidor, donde existen una o varias máquinas, conocidas como servidores, a las que nos conectamos a través de aplicaciones instaladas en nuestros dispositivos, conocidos como clientes. Twitter trabaja con miles de servidores que hacen que la red funcione y la gente se conecta desde la página web o la aplicación de Twitter en dispositivos móviles. Todo el software que hace funcionar la red es propiedad de Twitter y no se puede saber cómo funciona, pues sus algoritmos son secretos.

Mastodon es software libre. Cualquier persona u organización que tenga el conocimiento y las capacidades puede montar su propia red de microblogging, del mismo modo en que cualquier persona que sepa cómo usarlo puede montar su propio sitio web gracias a WordPress. Que Mastodon sea software libre permite a personas y colectivos tener su espacio en Internet y, de esta manera, mayor autonomía: cada una podría implementar una instancia propia de Mastodon y formar una comunidad de personas donde compartir contenido con algún fin específico.

Que una comunidad o un colectivo tenga un espacio en internet para comunicarse es útil, pero la audiencia podría estar limitada, en especial si se compara con redes como Twitter. Es ahí donde la federación hace la diferencia. En su momento escribí un artículo sobre este tópico y las aplicaciones de mensajería. Básicamente, significa que una instancia de Mastodon puede interactuar con otras instancias de Mastodon.

En un ambiente federado no existe una empresa dueña de la red como sucede con las redes sociales centralizadas. El caso más conocido de servicios federados es el correo electrónico: se puede enviar un correo de Gmail a Hotmail o al servidor propio de una organización.

Los términos de uso y las reglas que rigen a una instancia de Mastodon dependen de las personas que gestionan la instancia. Si no estamos de acuerdo con esos términos podemos buscar otra instancia o gestionar la implementación de una instancia propia y definir nuestros propios términos.

Mastodon no es la única red social basada en software libre que es descentralizada. En realidad, es parte de algo más grande conocido como el Fediverso. Mastodon, al igual que GNU Social o Pleroma, son implementaciones de microblog similares a Twitter; Pixelfed es una herramienta para publicar fotografías, similar a Instagram; PeerTube es una plataforma que permite compartir videos a la manera de Youtube. Todas estas redes interactúan entre si a través del protocolo ActivityPub, el mismo que define las reglas que permiten a las participantes del Fediverso interactuar. En el Fediverso es posible seguir a una cuenta de Pixelfed desde Mastodon y viceversa. Es como si desde Twitter se pudiese seguir una cuenta de Instagram o al revés.

El estándar de ActivityPub ha sido construido de forma colaborativa y forma parte de los estándares publicados por la W3C, organización responsable de mantener estándares como el HTML. En lugar de ser una empresa la que define el funcionamiento de un sistema, en el Fediverso trabajan varias organizaciones y personas a nivel mundial y llegan a acuerdos sobre cómo se debería funcionar una red de redes sociales.

Soy usuario de Mastodon desde el año 2017, y entre 2009 y 2013 fui muy activo en una plataforma similar conocida como Identica. Creo que las redes sociales federadas son el camino correcto hacia una internet más libre, diversa y donde la ciudadanía puede empoderarse de la tecnología. La actividad de Elon Musk como dueño de Twitter a finales de 2022 muestran los riesgos de depender de plataformas de un solo dueño.

En este momento existe una oleada de gente nueva a Mastodon y hay mucho más contenido que el existente previo a que Musk comprara Twitter. Espero que esto sirva para que más gente se dé cuenta de que existen otras formas en la que internet puede funcionar y podamos apropiarnos de la tecnología. Sin embargo, dudo mucho que este sea el fin de Twitter y el despegue del Fediverso. Probablemente en un futuro, a través de legislación, Twitter y las otras redes sociales se vean obligadas a federar con ActivityPub u otro estándar.

Las redes federadas tienen cierta complejidad, que en un principio puede hacer la transición menos sencilla de lo que la mayoría de la gente quisiera. Sin embargo, debemos valorar que todavía podemos tener cierta autonomía. Twitter sigue siendo más conveniente para la mayoría de las personas, pero hay que ser conscientes de que no somos su prioridad.

La libertad no es gratuita y la conveniencia es una droga muy adictiva. Es importante dudar de los sistemas que utilizamos, saber quién está detrás de los mismos, cuestionarnos si nos dan libertad o nos capturan para hacernos dependientes. De nosotres depende decidir si queremos tener control sobre la tecnología o si queremos cederlo a un puñado de millonarios.

Sigue a Derechos Digitales en Mastodon: https://mastodon.social/@derechosdigital