Aviso de utilidad

Como se habrán dado cuenta, estuvimos «muertos» por un par de días.

El jueves pasado nuestro ¿excelente? servicio de hosting nos comunicó la agradable noticia que había fallecido el disco duro de la máquina que nos alojaba. Afortunadamente teníamos un respaldo de días anteriores, pero nuevamente el hosting nos dió más sorpresas: no podían recuperar la información respaldada. A esas alturas, el alma de abogados que tenemos nos presionaba para que amedrentáramos y demandáramos a esos emprendedores, pero optamos por no hacerlo (por el momento).

Cómo solucionamos el problema?. Bueno, nuestros estimados amigos del Centro del Software Libre (CSOL) salieron al rescate: levantaron el sitio, recuperaron la información y aquí estamos otra vez, transmitiendo.

Perdimos algunos datos, un par de notas y comentarios, pero el resto está nuevamente disponible. Las disculpas a todos.

Atentamente,

Directorio
ONG Derechos Digitales

Creative Commons Chile CCCL

Creative Commons – Chile (CC-CL).

En agosto de 2004 nuestra organización se adjudicó el proceso de implementación de las licencias Creative Commons a la legislación chilena sobre derechos de autor.

Para estos efectos, iCommons seleccionó a Alberto Cerda Silva, Director de Estudios de Derechos Digitales, como Líder Legal de CC-CL. Además, se presentó a la Universidad de Chile como institución anfitriona de CC-CL, siendo seleccionada doña Gabriela Ortuzar, Directora del SISIB-UCHILE como Líder de Comunicaciones.

Durante la primera fase del proceso de implementación, que se desarrolló entre agosto de 2004 y abril de 2005, se tradujo la licencia madre de Creative Commons (by_nc_sa) del inglés al español y se presentó a iCommons para su aprobación. Luego, se realizó la primera adecuación de la licencia a la legislación nacional sobre derechos de autor contenida en la Ley N°17.336 sobre Propiedad Intelectual. Se produjó así el primer borrador de la licencia by-nc-sa_cl el cual fue traducido al inglés para la aprobación de iCommons.

En enero de 2005 fue aprobado el texto presentado y se abrió la fase de discusión pública de la versión nacional de licencia. La discusión estuvo abierta por más de 4 meses, al término de los cuales se elaboró el segundo borrador de la licencia by-nc-sa_cl, el cual ha sido aprobado como el texto definitivo de la licencia y será lanzado a la comunidad nacional e internacional el día 1 de julio de 2005 en el Museo de Arte Contemporáneo con la participación de Lawrence Lessig, fundador de Creative Commons.

El proceso de traducción y adecuación normativa estuvo a cargo del equipo jurídico de Derechos Digitales, compuesto por Daniel Alvarez Valenzuela, Paula Jaramillo Gajardo, Rodrigo Moya García, Claudio Ruiz Gallardo y liderado por Alberto Cerda Silva.

El proceso de difusión e implementación técnica de Creative Commons – Chile ha estado a cargo del equipo de profesionales del Sistema de Servicios de Informacion y Bibliotecas de la Universidad de Chile, dirigido por Gabriela Ortúzar.

Hipatia: Cultura, Software y Tecnologías Libres.


Ya se encuentra disponible la versión electrónica del suplemento Hipatia: Cultura, software y tecnologías libres, de la revista cultural chilena Rocinante. Esta número incluye los artículos:

Hipatia es editado por Rocinante y ONG Derechos Digitales, con la colaboración de Centro del Software Libre, EducaLibre.cl y SoftwareLibre.cl y es publicado bajo licencia Creative Commons.

Discurso del ministro Gilberto Gil en el lanzamiento de Creative Commons Brasil

Cultura Digital y Software libre

. No debemos olvidar que la cultura digital, que hoy extiende su red por todo el planeta, vivió momentos decisivos bajo el signo del pensamiento transformador; y también bajo el signo de la utopía.

Basta recordar la conquista contracultural del microprocesador. La contracultura se caracterizó por llevar el procesador desde los consorcios industrial-militares hasta los hogares para su uso personal.

Del mismo modo sucedió una especie de migración contracultural en los laboratorios de alta tecnología y con el sueño de la realidad virtual. California era, en aquel momento, una meca de peregrinación contracultural a la vez que un centro de alta investigación tecnológica. Y todo se mezclaba: Janis Joplin y la ingeniería electrónica; alteradores de estados de conciencia y programación informática. Fue así como Steward Brand, organizador del gran festival psicodélico de 1966 en San Francisco, fue a parar al Media Lab del Instituto de Tecnología de Massachussets, colaborando con Nicholas Negroponte.

En aquella época, algunos militantes de la contracultura empezaron a ver en el microprocesador un instrumento revolucionario de transformación social y cultural. Podemos hablar así de una especie de contraculturalismo electrónico, donde se incluye un libro como Computer Lib de Ted Nelson, un joven criado en las aguas del rock y el underground. La rememorada victora contra la centralización tecnológica se dio en ese contexto; fue una conquista de la ciudadanía.

En otras palabras: lo que vemos hoy en el mundo, la dimensión informática, digital, tiene su punto de partida en el movimiento libertario de la contracultura. Nada más natural, por tanto, desde esa perspectiva político-cultural, que la movilización en favor del software libre, a fin de de hacer posible pragmáticamente un proyecto más de nuestras utopías realistas.

Es una disposición estratégica. El software libre será básico, fundamental, para que tengamos libertad y autonomía en el mundo digital del siglo 21. Es condición sine qua non de cualquier proyecto de cualquier proyecto verdaderamente democrático de Inclusión Digital.

Por todo eso, el Ministerio de Cultura del Gobierno de Lula piensa que Brasil debe prepararse, concretamente, transformarse en un polo del software libre en el mundo. Este es el camino para el dominio completo de la cultura digital; este es el camino para la inclusión de todos los brasileños en el universo cultural contemporáneo.

Cultura digital y derechos de autor

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por Naciones Unidas en 1948, consagró explícitamente el derecho del autor, y también el derecho a la cultura como un derecho humano al afirmar en su Artículo 27 que:

    «1. Toda persona tiene derecho a participar libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y de los beneficios que resulten.
    2. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de las que sea autora.»

La aparente contradicción de estos dos postulados -uno que defiende el derecho del autor sobre su obra y otro que consagra el derecho al acceso a esa misma obra- nos remite al equilibrio que debe existir entre esos valores a la hora de elaborar las leyes y tratados para la protección de los derechos intelectuales.

Una de los aspectos más protestados por la sociedad en su conjunto son los mecanismos que impiden el acceso a determinadas obras protegidas. Hoy, dadas las restricciones existentes, es prácticamente imposible, por ejemplo, la realización de cursos a distancia vía Internet sin que se violen en cierto modo los derechos de los autores de los textos, de las fotografías y de las obras audiovisuales presentes en los cursos. Es necesario modificar esta situación, de modo que terceros puedan hacer un uso de las obras sin que ello atente contra los autores de las mismas; sólo así se reestablecerá el equilibrio entre los derechos del autor y los derechos reales de la sociedad, sin causar prejuicio a la legitimidad de aquellos que crearon las obras.

La cuestión de la democratización del acceso a la información cobra una importancia fundamental en el actual estadio de desarrollo del país. La exclusión hoy en Brasil es digital y analógica. Es incomprensible el excesivo plazo de protección conferido a las obras intelectuales. La legislación otorga 70 años después de la muerte del autor, como regla general, y propuestas en el ámbito del ALCA reclaman, específicamente para las obras audiovisuales, un lapso de tiempo superior a los 90 años, cuando sabemos que el ciclo económico es de pocos años.

Por otro lado, la justificación de la temporalidad de los derechos siempre se basó en el interés público o general. Y sabemos muy bien que el modo más corriente de que una obra entre en nuestros días a ser dominio público es la extinción del plazo de protección conferido a la misma. Una parte muy significativa del sustrato cultural de una sociedad en un momento histórico concreto está formado por las creaciones intelectuales que se encuentran en el dominio público. Deduzco así, que también debemos volcarnos en alguna forma de protección del dominio público, por ser un valor de dimensiones incalculables y que por lo tanto no debe estar sujeto a las reglas del mercado.

Creative Commons

Es en este sentido que el Ministerio de Cultura está participando en la iniciativa de la Escuela de Derecho de la Fundación Getulio Vargas para el lanzamiento en Brasil de Creative Commons.

Creative Commons nace del esfuerzo de los libertarios del ciberespacio que pasaron a operar como línea evolutiva en el proceso de construcción de las nuevas soluciones; una interpretación de las aplicaciones tecnológicas digitales como fuente de mayor libertad y unificación de la humanidad.

Por un lado, más gente, más masa crítica afectivo/intectual, más compromiso mutuo y colectivo; más vigilancia consensual, etc.

Por otro, más velocidad digital, mayor posibilidad de accesos, mayor comunicabilidad, mayor movilidad, mayor convergencia cultural, corresposabilidad convergente, etc.
Veo las formulaciones audaces de los nuevos pensadores de Creative Commons -los primeros en comprender la dimensión transformadora de las nuevas formas de comunicación- en directa sintonía con los postulados de una nueva filosofía, socioantropología, economía solidaria, demografía optimista y tantas otras nuevas visiones en campos del conocimiento humano hasta ahora al servicio del viejo paradigma.

En su ya clásico ensayo: «Vendiendo vino sin botellas -La economía de la mente en la red global», en la parte introductoria, John Perry Barlow hace, a través de una inteligente disección, un verdadero desarme de la clásica noción de la propiedad intelectual y sus presupuestos, construyendo una nueva y fundada argumentación, que yo llamaría filosófica, en favor de una original noción sobre la posesión de los bienes intectuales, sus nuevas formas de circulación y su nuevo derecho todavía por construir. (traducción de un fragmento del ensayo «Vendiendo vino sin botellas», de John Perry Barlow)

    «Si hay algo en la Naturaleza que sea menos susceptible de propiedad exclusiva que todo lo demás, es la acción del poder intelectual llamada «idea», la cual un individuo puede poseer exclusivamente mientras se la guarde; pero el momento en que se divulga, se convierte por fuerza en la posesión de todos, puesto que el receptor no puede desposeerse de ella. Quien recibe de mí una idea redibe instrucción sin disminuir la mía; igual que quien enciende su vela con la mía recibe luz sin oscurecerme. Que las ideas deberían difundirse libremente entre las gentes por todo el globo, para la instrucción moral y mutua de la humanidad, y la mejora de su condición, parece algo diseñado de forma peculiar y benevolente por la naturaleza cuando las hizo, como el fuego, expandibles por todo el espacio, sin perder densidad en ningún punto, y como el aire que respiramos, en el que ns movemos y tenemos nuestro ser físico, incapaces de confinamiento o apropiación exclusva. Los inventos no pueden así, por naturaleza, ser sujetos a propiedad.
    – Thomas Jefferson

Si nuestra propiedad puede ser infinitamente reproducida e instantáneamente distribuida en todo el planeta sin costo, sin nuestro conocimiento, sin dejar de ser nuestra… ¿cómo vamos a protegerla? ¿Cómo se nos va a recompensar el trabajo que realizamos con nuestras mentes? Y, sin no se nos puede recompensar… ¿quién puede garantizar la creación y difusión de tales actividades?

Desde el momento en que no poseemos una solución para lo que es un tipo de desafío profundamente nuevo -y estamos aparentemente incapacitados para impedir la galopante digitalización de todo lo que no sea obstinadamente físico- nos encontramos navegando en una nave obsoleta que se hunde.

Esta nave, la ley del copyright y de las patentes, se desarrolló para lidiar con formas y medios de expresión completamente diferentes de la carga vaporosa que ahora se ve obligada a transportar. Está haciendo agua. Y está haciendo agua tanto por dentro como por fuera. Los esfuerzos para mantener a flote el viejo navío son de tres tipos: una radical reconversión; una amenaza a los pasajeros que quieran saltar del barco de que serán penalmente procesados y un soslayo absoluto al problema.

La ley de la propiedad intelectual no puede ser enmendada, retroadaptada o expandida para contener los modos de expresión digitalizada, como si pudiéramos la ley que rige la propiedad de tierras y bienes inmuebles a los problemas de sintonización del espectro de ondas de radio (¡Que parece que es lo que se está haciendo!). Debemos desarrollar un conjunto de reglas enteramente nuevo para este enteramente nuevo conjunto de circunstancias.

Buena parte de los que hoy crean propiedad intelectual -los programadores, hackers, navegadores de la red…-ya saben de eso. Infelizmente, ni las compañías para las cuales trabajan ni los abogados de esas compañías tienen experiencia directa suficiente con bienes inmateriales para entender el problema, y sobre todo por qué estos creadores son tan problemáticos. Reaccionan como si las viejas leyes pudiesen funcionar, sea por una expansión grotesca o por la fuerza.

Están equivocados.

La causa de este problema es tan simple como su solución compleja: la tecnología digital está deslocalizando la información de su plano físico, donde las leyes de propiedad de toda suerte siempre encontraron su razón de ser. A través de la historia del copyright y las patentes, la garantía de la propiedad para los pensadores siempre se basó no en sus ideas, sino en la expresión de las mismas. Las ideas se consideraron propiedad de la colectividad humana. Se podían reivindicar cánones, como en el caso del copyright, para alguna frase específica que generó una idea, o una orden con consecuencias posteriores en el desarrollo técnico.

Desde siempre. la razón por la que dicho canon impuesto era el momento en que «el verbo se hacía carne», partiendo de la mente del creador y penetrando en algún objeto físico como un libro o un aparato.

La llegada posterior de otros medios comerciales más allá de los libros no alteró la importancia legal de ese «momento» de transformación física de la idea. La ley protegía la expresión y, con raras y recientes excepciones , expresarse era volverse físico. Porteger la expresión física tenía la fuerza de la conveniencia a su favor. El copyright funcionaba bien porque era difícil hacer un libro. Además, los libros congelaban sus contenidos en condiciones tan difíciles de alterar como de reproducir. Copiar o distribuir volúmenes copiados eran actividades obvias y visibles, fáciles de ser detectadas. Finalmente, a diferencia de las palabras o las imágenes, los libros tenían superficies materiales sobre las cuales se imprimían notas de copyright, marcas de editoras o etiquetas de precio..

La conversión de lo mental en físico era aún más importante para las patentes. Una patente, hasta hace poco, era o una descripción de la forma por la cual los materiales eran puestos al servicio de una determinada finalidad o la descripción del proceso por el cual eso ocurría. En ambos casos, el corazón conceptual de la patente era el resultado material. Si ningún objeto con un propósito pudiese resultar, debido a alguna limitación material, la patente era rechazada. Ni podrían patentarse una botella de Klein, o una azada hecha de seda. Tenía que ser un objeto que presentara alguna funcionalidad.

Así era como los derechos de invención y autoría se vinculaban al mundo a las actividades del mundo físico. Se cobra, más que por las ideas, por la capacidad de plasmarlas en un sustrato; el valor estaba en soporte, no en el pensamiento sustentado. En otra palabras, era la «botella» lo que se protegía, no el vino.

Ahora bien, cuando la información se aloja en el ciberespacio, el hogar nativo de la mente, esas «botellas» se desvanecen como causa de la digitalización. Ahora es posible sustituir todas las formas anteriores de almacenamiento de la información por una «meta-botella»: complejos algoritmos de unos y ceros altamente líquidos.

Así mismo, las «botellas» físicas-digitales a las cuales nos hemos habituado -disquetes y otros limitados soportes de bits comerciables- están desapareciendo cuando la mayor parte de los computadores se conectan en una red global. Internet avanza rápidamente para convertirse el principal medio de circulación de la información y, eventualmente, el único.

En este estado de cosas, todos los bienes de la era de la información, todas las expresiones otrora convertidas en libros, películas o discos, o escritos existirán como pensamiento puro o como algo muy parecido al pensamiento puro: alrededor de la red, a la velocidad de la luz, en condiciones que podemos percibir como destellos titilantes o sonidos transmitidos, pero que jamás podemos tocar o poseer en el viejo sentido de la palabra.

Algunos pueden argumentar que la información requerirá siempre alguna manifestación física, tal como su existencia magnética en el disco de titanio de los servidores distantes, pero esas son «botellas» que no tienen ninguna forma microscópicamente discreta o personalmente significativa.

Algunos argumentarán también que nosotros ya nos movemos con expresiones no embotelladas desde la aparición de la radio, y tendrán razón. Pero en la de la historia de la radio no ha existido manera conveniente de capturar derivados de éter electromagnético y reproducirlos en un soporte manejable con la misma calidad de sonido, como sucede con los soportes actuales. Sólo recientemente esto cambió y poco se ha hecho para enfrentar este cambio.

Generalmente la cuestión del pago de productos radiofónicos por parte del consumidor era irrelevante. Los consumidores, ellos mismos, eran el producto. El medio radiofónico era sustentado bien por la venta a los anunciantes de la atención, en forma de audiencia; bien obligando el gobierno a pagar tasas por el acceso a la radio o por el patrocinio de los programas por parte de las empresas.

Todos los modelos de rentabilización de la radio, ya fueran los anunciantes o el gobierno, alteraban invariablemente la pureza de los bienes ofertados. Aún más, el marketing directo ha asesinado gradualmente el modelo de soporte para la propaganda comercial.

La radio nos ofreció otro tipo de pago por el producto virtual en forma de royalties, que son el canon que cobran los autores a través de organizaciones como ASCAP o BMI. Como socio de ASCAP puedo asegurar que éste no es un modelo que podamos recomendar. Los métodos de monitorización son rudimentarios e imprecisos; no hay ningún sistema de contabilidad paralela que se sujeto de fiscalización. Para ser honesto, realmente el modelo no funciona.

En todo caso, sin nuestros viejos métodos de definición física de la expresión de las ideas, y la ausencia de nuevos modelos válidos para transacciones no físicas, no sabemos como asegurar el pago justo de los trabajos mentales. Para empeorar la situación, esto acontece en el momento en que la mente humana sustituye la luz solar y los depósitos minerales como principal fuente de riqueza. Aún más, la dificultad creciente de hacer respetar las leyes del copyright y de las patentes está, en último término, poniendo en riesgo la fuente por excelencia de la propiedad intelectual: el libre intercambio de ideas.

Lo que quiero decir es que cuando los artículos primarios del comercio, en una sociedad, se asemejan tanto al discurso que están a punto de convertirse indistinguibles del mismo, y cuando los métodos de protección de los mismos se tornan ineficaces, las tentativas de resolver el problema con una legislación más restrictiva amenazan sin duda la libertad de expresión de los individuos.

El mayor constreñimiento a nuestras futuras libertades puede venir no del gobierno sino de los departamentos legales de las corporaciones, que trabajen para proteger, por la fuerza, lo ya sólo puede ser protegido por la eficiencia práctica o por el consentimiento social general.

Es más, cuando Jefferson y sus colegas iluministas diseñaron que devino en la ley americana del copyright su objetivo primario era asegurar la vasta distribución del pensamiento, no del lucro.

El lucro se convertiría en el combustible que llenaría las librerías y las mentes de su nueva república. Las librerías comprarían libros, premiando así a los autores por su trabajo de montaje de las ideas que, de otro modo, «incapaces de confinamiento», estarían entonces accesibles al público.

¿Pero cuál es el papel de las librerías en ausencia de los libros? ¿Cómo paga ahora la sociedad por la distribución de las ideas sino cobrando por las propias ideas?
Una complicación adicional reside en el hecho de que, junto con los soportes físicos en que ha residido la propiedad intelectual, la tecnología digital está también apagando la jurisdicción legal del mundo físico, sustituyéndolo por los mares sin fronteras y, tal vez, permanentemente sin ley del ciberespacio.

En el ciberespacio no sólo no hay fronteras locales o nacionales para localizar la escena de un crimen y determinar el método acusatorio; tampoco hay acuerdos culturales claros sobre lo que constituye un crimen. Diferencias básicas y no resueltas entre concepciones europeas y asiáticas sobre propiedad intelectual sólo se exacerbarán en un área en la que muchas transacciones tienen lugar en ambos hemisferios y aún así, de alguna forma, en ninguno.

También en la más local de las condiciones digitales, jurisdicción y responsabilidad son difíciles de definir. Un grupo de editores musicales denunciaron a Compuserve este otoño por permitir a sus usuarios subir y alojar composiciones musicales en áreas donde otros usuarios podían bajarlas. Como de hecho Compuserve no puede ejercer mayor control sobre el flujo de bits que pasa entre sus usuarios, no se podría, probablemente, responsabilizarla de estar ilegalmente editando esas canciones.

Nociones como propiedad, valor, o la naturaleza de la riqueza en sí están cambiando fundamentalmente, más que en cualquier otra época, desde que los sumerios estamparon la escritura cuneiforme y la llamaron de «grados estocados». Poca gente es consciente de la enormidad de este cambio y menos aún los abogados y funcionarios públicos.

Aquellos que perciben estos cambios deben preparar respuestas para la confusión legal y social que surgirá de los esfuerzos para proteger nuevas formas de propiedad, con los viejos métodos evidenciándose cada vez más fútiles y consecuentemente más durosÂŽ

Este es el problema que vamos a discutir aquí.

©Copyleft de esta traducción: Jordi Sabaté Martí, bajo licencia de Creative Commons cc-by

Internet como república popular de la cultura

Sólo somos copias. Pequeños robots de carne dirigidos por genes, obedientes al antiguo verbo: creced y multiplicaos. Copias y copias de cadenas de ADN recombinadas, que un día aprendieron a su vez a combinar las letras en forma de palabras. Copias perecederas, efímeras, que luchan por perpetuarse, creando obras y creando dioses para superar su miedo a la muerte..

Con esta palabras Carlos Sanchez Almeida de Republica Internet nos presenta su último manifiesto. Los invitamos a leer y releer.

«Internet como república popular de la cultura

Nada será que no haya sido antes.
Nada será para no ser mañana.
Eternidad son todos los instantes,
Que mide el grano que el reloj desgrana.

Ramón María del Valle-Inclán, «Rosa Gnóstica».

1.- En el principio fue el verbo, el verbo copiar

16 de junio de 2004, centenario del Bloomsday. El nieto de James Joyce requiere oficialmente al gobierno irlandés para que impida la lectura pública del Ulises. Es decir, una parodia genética del escritor que parodió a Homero, prohíbe la lectura pública de una parodia de la Odisea.

Sólo somos copias. Pequeños robots de carne dirigidos por genes, obedientes al antiguo verbo: creced y multiplicaos. Copias y copias de cadenas de ADN recombinadas, que un día aprendieron a su vez a combinar las letras en forma de palabras. Copias perecederas, efímeras, que luchan por perpetuarse, creando obras y creando dioses para superar su miedo a la muerte.

Creced y multiplicaos: la primera orden del programa, la primera línea del código. Todos los textos sagrados son obras derivadas de una antigua historia escrita por una mujer, a la que los sacerdotes impidieron firmar su obra. Toda la literatura es obra de Nadie. Una obra tan llena de lugares comunes como las tragedias de Shakespeare. Una obra copiada hasta el infinito.

Moriréis para siempre y seréis Nadie. Sólo sois copias y sólo podéis escribir copias. Todo cuanto sois ya ha sido antes. Todo cuanto podáis soñar, ya fue soñado.

Creced y multiplicaos.

2.- Aquí y ahora

Hace aproximadamente un año tuve la suerte de disfrutar de una primicia. Gracias a la gentileza de Antonio Córdoba, el cual asumió en solitario la tarea de traducción de la obra, pude disfrutar de la lectura de la versión castellana de Free Culture, de Lawrence Lessig. Bueno, disfrutar de la lectura es un lugar común, de hecho fue un infierno. En una casa rural de Extremadura, con dos fieras salvajes corriendo alrededor, imaginen lo que es intentar leer en un portátil. Pero lo conseguí, la lectura de aquel archivo pdf valía realmente la pena.

Ha pasado un año desde entonces, y por el camino, han ocurrido muchas cosas. En octubre del año pasado presentábamos aquí, en Barcelona, la adaptación a la legislación española de las licencias Creative Commons. Fue el uno de octubre, el mismo día que entraba en vigor un código penal que, entre otras cosas, prohíbe las herramientas que permitan la desprotección de obras intelectuales. Un tema éste, como el de los DRM, que conocerán bien aquellos que se hayan leído entero el libro de Lawrence Lessig. Una experiencia seguramente más gratificante que la mía, gracias a la excelente edición en papel que nos han brindado Javier Candeira y Traficantes de Sueños.

Han pasado muchas cosas en todo este tiempo. Las obras bajo licencias Creative Commons crecen exponencialmente en todo el universo de habla hispana, y Lorenzo Lessig es recibido y escuchado por autoridades académicas y políticas de toda Latinoamérica. El ayuntamiento de Barcelona, que otrora gastó un millón de euros en la defensa de la propiedad inmaterial (el dominio Barcelona.com), ahora subvenciona charlas copyleft. Parece que esto progresa.

Quizás ha llegado la hora de despertar.

3.- El aceite de Lorenzo, o la socialdemocracia del copyleft

La historia del siglo XX fue una historia de luchas de clases, una historia de lucha ideológica. A lo largo de todo el siglo, se enfrentaron dos nociones antitéticas de las relaciones sociales, de los conceptos de libertad y propiedad. El resultado, que está a la vista, es el triunfo aparente, en los territorios del mundo occidental, de la democracia formal basada en el estado social y democrático de derecho. Un estado fundamentado en instituciones de democracia representativa, donde las luchas sociales son atenuadas mediante pequeñas concesiones que han mejorado ostensiblemente, con respecto al siglo XIX, el nivel de vida de la clase trabajadora.

El resultado, también, son miles de millones de excluidos. Aquellos que malviven en el tercer mundo, y también dentro de los nichos de pobreza de nuestra digitalizada sociedad occidental.

La conquista de los derechos sociales no fue una tarea fácil. Requirió años de lucha, de derrotas, de héroes y de mártires. Pero por encima de todo, requirió del miedo del sistema a la revolución y a sus consecuencias objetivas en los países donde triunfaba: la destrucción del sistema de libertades formales. Sin ese miedo a la revolución, nunca hubiésemos tenido jornadas de ocho horas, derecho al paro o seguridad social obligatoria. Sobre ese miedo se construyó la clase política, liberal y socialdemócrata, que acabaría gobernando toda Europa.

Las ideas liberales y socialdemócratas triunfaron: era el aceite que la maquinaria capitalista necesitaba para seguir funcionando. Frente a la atroz dictadura del proletariado, representaba la propuesta amable de aquellos que permitían a los amos continuar con la explotación, a cambio de algunos derechos sociales.

El engranaje de la máquina es el derecho de propiedad. Las libertades formales, la correa de transmisión. El aceite, los derechos sociales.

Olvidemos ahora las épicas gestas de la clase obrera del siglo XX, y volvamos a nuestro digitalizado y aburrido siglo XXI. Un mundo presidido por la globalización económica, un proceso histórico que persigue la uniformidad de las relaciones políticas, económicas y sociales en todo el planeta. Un proceso que se vale de la globalización cultural para conseguir sus objetivos: la formación, información y deformación de la opinión pública. Un proceso en el que todo estaba atado y bien atado, perfectamente controlado, hasta que llegó Internet.

A lo largo del siglo XX, los avances técnicos permitieron nuevas formas de expresión artística, más allá de las artes tradicionales. El cine, la televisión, la eclosión de movimientos culturales asociados a la música popular provocó un espejismo: la llamada cultura popular. Si bien la televisión fue controlada desde el primer momento por el poder, el cine y la música popular constituyeron el nuevo territorio de frontera, donde jóvenes talentos daban rienda suelta a su creatividad y a su rebeldía. Una rebeldía que bien pronto fue fagocitada, deglutida y reciclada por el sistema, siempre necesitado de una pátina de modernidad.

La cultura de masas fue domesticada, pero pronto surgirían nuevas formas de expresión y rebelión. Esta vez quisieron ir un poco más allá, y adoptaron el pomposo nombre de contracultura. En ese caldo de cultivo se produce la eclosión de la cibercultura, y posteriormente, del fenómeno Internet.

La maquinaria del sistema chirría. Demasiados cambios cuantitativos en un corto espacio de tiempo, provocan un tremendo salto cualitativo. Las nuevas tecnologías permiten, en solo veinte años, acabar con todo un sistema económico de distribución de «cultura» empaquetada. El sistema pierde el control económico de las herramientas que le permiten adoctrinar culturalmente a las masas. El viejo equilibrio económico basado en pan y circo se resiente.

La propiedad intelectual, una vieja falacia, no aguanta el embate de las nuevas tecnologías. En unos pocos años, es abolida de Internet: ninguna obra intelectual está a salvo. Todo se puede copiar con calidad digital. Despojada de valor económico, la mercancía cultural pierde su capacidad de fascinación y se revela como lo que siempre fue: un producto pensado para el adoctrinamiento.

La revolución ha triunfado, pero es la revolución de un solo país: Internet. Una revolución cercada desde el primer momento por los viejos Estados al servicio del Capital, deseosos de lanzarse al asalto de la nueva república popular.

Un asalto que fracasa una y otra vez. Cuando al sentimiento de rebeldía se le une el sentimiento de pertenencia a una colectividad, cualquier agresión externa es aprovechada para aglutinar la resistencia. Los viejos fantasmas de la tribu rebelde, raíz de todos los patriotismos, caldo de cultivo de todas las guerrillas, resurgen en el territorio digital. Los nativos conocen el territorio, controlan sus herramientas. Y a cada agresión externa responden con mejoras técnicas, en una permanente lucha evolutiva.

Sólo hay una forma de acabar con la contracultura, y la cuña ha de ser de la misma madera.

4.- La revolución es otra cosa

«Vivimos en un mundo que celebra la «propiedad». Yo soy de los que la celebra. Creo en el valor de la propiedad en general, y creo también en el valor de esa forma rara de propiedad que los abogados llaman «propiedad intelectual». Una sociedad grande y diversa no puede sobrevivir sin propiedad; una sociedad grande, diversa y moderna no puede florecer sin propiedad intelectual.» (Lawrence Lessig, «Free Culture»)

El movimiento por un modelo alternativo de propiedad intelectual, aglutinado en torno a Creative Commons, no pretende alterar en lo más mínimo las relaciones sociales basadas en el derecho de propiedad. Si hay algo que está meridianamente claro en Free Culture, es que para Lorenzo Lessig la propiedad es buena. En su concepción anglosajona del copyright, el contenido moral de los derechos de autor cede ante su vertiente mercantilista. Los abogados que participamos en la traslación jurídica de las licencias Creative Commons a la legislación española, tuvimos que introducir con calzador el derecho moral de autor, algo más ajeno a la cultura jurídica anglosajona que a la de la Europa continental.

El problema no es baladí. Tanto la Declaración Universal de Derechos Humanos como la Constitución Española consideran los derechos de autor como un derecho per se, ligado al derecho de acceso a la cultura, y distintos del derecho de propiedad, que está regulado en artículos distintos. La concepción europea del derecho de autor, en tanto que derecho ligado a la persona, permite una regulación «social» del derecho, al margen del derecho de propiedad. Si el derecho de autor no es derecho de propiedad, se pueden regular los usos sociales de las obras, garantizando así el acceso universal a la cultura. Es el caso de la legislación española, que garantiza -por el momento- el derecho a leer, al préstamo de obras, a su copia privada, a su cita y a su parodia.

El derecho anglosajón de copyright pone el acento sobre el derecho de propiedad, lo que aquí consideramos derechos de explotación de la obra. Los usos sociales quedan reservados al «fair use», uso justo, algo que en la órbita del common law puede quedar en todo momento al albur de una sentencia judicial.

Las licencias Creative Commons son muy útiles para salvaguardar la cultura popular, especialmente en el ámbito anglosajón. También son muy útiles para garantizar la seguridad jurídica de las obras publicadas en Internet. Pero serían mucho más útiles si de verdad representasen un asalto a la concepción patrimonialista del derecho de autor. Y hoy por hoy no es así.

El movimiento contra los abusos del copyright que gira en torno a Creative Commons es fiel a las ideas de Lessig. Persigue ampliar los campos creativos comunes, los usos sociales de las obras, pero considera sagrado el derecho de propiedad.

Y ningún derecho puede ser sagrado, salvo los que afectan a la misma esencia del ser humano, los llamados derechos humanos fundamentales, entre los que no se cuenta el derecho de propiedad. Para avanzar de verdad hacia una sociedad libre, igualitaria y justa, debemos necesariamente cuestionar el dogma. El falso dogma que considera sagrado el derecho de propiedad.

Los movimientos contraculturales de Internet emplean muchas energías en la lucha contra las patentes de software, o por la liberación de los programas P2P. Pueden encontrarse miles de artículos que ponen en cuestión el sistema actual de explotación de la propiedad inmaterial, sobre todo en lo que se refiere a código informático. Pero esos mismos activistas pocas veces levantan la voz contra propiedades inmateriales mucho más sangrantes, como las patentes de medicamentos o los derechos de propiedad industrial sobre la vida.

Todo es la misma lucha, o debería serlo: luchar de verdad por la libertad exige luchar contra la actual configuración del derecho de propiedad. De la propiedad inmaterial y de la propiedad material. Todo lo demás es aceite para la máquina.

Y algunos de nosotros no hemos venido a este mundo para liberar a Mickey Mouse, sino para liberarnos de Mickey Mouse.

5.- Internet como república popular

La revolución nunca ha sido cosa de élites. Las vanguardias revolucionarias sólo tienen dos destinos: traicionar a la revolución o ser devorados por ella. La revolución depende de cientos de miles de manos.

Hace poco formulé dos preguntas al público en una charla «Kopyleft». Primero pedí que levantasen la mano todos aquellos que en el último mes se habían bajado una obra intelectual de Internet: se alzó un bosque de brazos, entre ellos el mío. Después pregunté cuántos, en el mismo periodo temporal, habían pasado un libro por el escáner y lo habían subido a la Red. Nadie.

Liberar la cultura no es conseguir gratis los productos de la industria del entretenimiento. Liberar la cultura es, por encima de todo, liberarnos a nosotros mismos del imperialismo cultural al que estamos sometidos. Liberar la cultura es rebelarse frente al adoctrinamiento de masas. Liberar la cultura es negarse a ser borregos.

Luchar por la liberación de la cultura no sólo es «ripear» deuvedés. Por cierto, un verbo éste que he llegado a leer en un acta notarial levantada por una entidad de gestión de derechos de autor, cuyos responsables, tan versados en productos culturales, deberían saber que el castellano incluye el hermoso verbo «destripar». Y para qué limitarnos a destripar deuvedés, si podemos destripar el sistema.

Luchar por la cultura es saquear las bibliotecas y llevarlas a la Red. Luchar por la cultura es conseguir que ningún niño deje de leer un libro, en un rincón perdido de Latinoamérica, porque no pueda comprarlo. Y quien dice leer un libro, dice también conseguir medicamentos contra el SIDA. O poder plantar trigo sin pedir permiso a nadie.

Nadie nos regala los derechos. Hemos de conquistarlos y defenderlos a diario, con la única fuerza de la que disponen aquellos que nacieron desnudos: la fuerza de nuestras manos.

Para construir la nueva república popular de la cultura son necesarios cientos de miles de manos. Si cada uno de nosotros lleva uno de sus libros a la Red, nadie podrá parar esta revolución.

Ni copyright, ni copyfight, ni copylight. Ha llegado la hora de la copia a secas, de la libertad a secas. Más allá de los derechos a copiar y remezclar obras, pensad en lo que sois, y en cómo habéis llegado a ser lo que sois. Sois producto de miles de millones de mezclas. Sois copias, y habéis nacido para copiar y ser copiados. Este es vuestro gran momento: vuestras copias genéticas os lo agradecerán.»

Publicado originalmente por NEMO en República Internet bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 2.0 España.

«Chile se ha convertido en un nuevo favorito», palabras de Lessig

Con este final, Lawrence Lessig, fundador de Creative Commons, escribió en su blog acerca de su paseo por Chile, sus múltiples actividades y en especial sobre el lanzamiento de Creative Commons Chile, dedicando varias palabras de elogio al equipo de CC-CL. Los dejamos con la traducción de su nota.

«cc.cl

Vengo recién llegado del lanzamiento de Creative Commons Chile, que fue de muchas maneras, unos días sorprendentemente movidos.

El senador Fernando Flores fue la primera sorpresa. Flores fue unos de los miembros más jóvenes del gobierno de Allende. Estuvo con Allende para el 11 de Septiembre chileno (1973), cuando Pinochet realizó su golpe (apoyado por los norteamericanos). Desde entonces Flores ha tenido una carrera extraordinaria -preso, exiliado en USA, su período como alumno estudiando filosofía y ciencias de la computación, una carrera fabulosamente exitosa en los negocios explotando los conocimientos que obtuvo en la academia, y ahora como Senador (y una vez candidato a Presidente). Lo publican bastante y se escribe mucho acerca de él.

Hice una reseña de su carrera sin la intención de competir con Wikipedia, pero sí con la intención de señalar lo más significativo de lo que dijo: Tal como explicó a los 400 o más activistas de Propiedad Intelectual (PI) reunidos en la conferencia, «Cualquier solución debe incluir a USA.»

«USA (América)» Admiro profundamente a quienes sorprenden con sus puntos de vista. Esto fue una sorpresa. Uno podría pensar fácilmente que alguien que ha sufrido en parte a causa de USA nunca uniría «solución» con «USA» de nuevo. Flores, sin embargo, es un pensador sabio y cuidadoso. En los días que siguieron a esta charla, tuve la oportunidad de escucharlo describir con alguna profundidad una concepción de progreso que dependía de sustentarse precisamente en dicha prudencia. La respuesta correcta en estas luchas incluirá a USA. Esta incluirá a la llamada «PI.» Y estaba claro para él, mientras más pudieran reconocer ambos, podríamos hacer más progresos con mayor rapidez.

Flores estaba particularmente preocupado de cómo nuestro «movimiento» se desarrollaría. Debidamente teme que éste esté siendo capturado por cualquier postura extrema. Aunque nuestros aliados incluyen los extremos (recuerden el video del lanzamiento de CC) (y como es mi trabajo estar en desacuerdo con el Sr. Valenti: No, no fue mi idea, aunque es mi «compacto,» pero de otra manera, exactamente correcto), es crucial que desarrollemos esta plataforma de una forma que pueda incluir la más amplia gama de creadores.

Todos nosotros tenemos vidas independientes de CC; algunas de esas vidas propugnan visiones políticas que asustarían a otros dentro del mismo CC. Pero es importante que nosotros distingamos esos roles, no solo como un compromiso con lo que es más importante, sino como una forma de resaltar la importancia del hecho de que aquellos que disienten fundamentalmente pueden al menos estar de acuerdo acerca de CC.

Flores estaba particularmente preocupado de que los líderes de CC en Chile no compartieran esta visión. Y si sus temores hubieran sido acertados, eso habría hecho las cosas muy difíciles. Fue a continuación de ello que con alguna preocupación asistí al lanzamiento de CC en Santiago. Pero rápidamente, mi preocupación de desvaneció, mientras los organizadores enmarcaron el lanzamiento de CC en términos que estoy seguro el senador habría apoyado.

Por supuesto hubo momentos en que las posturas fuertes tuvieron la palabra. En que, pensé, era importante recordarle a todos que habían importantes materias en juego. Pero esas visiones fueron equilibradas con una impresionante mezcla de artistas – músicos, bailarines, películas, y DJ – así como también directores de museos y de la academia – todos quienes parecieron reconocer la importancia de construir un entendimiento en un espectro amplio de intereses.

Esto se confirmó en una reunión después del lanzamiento. El grupo medular – quienes claramente dedicaron una inmensa cantidad de esfuerzo en el lanzamiento de CC, y más importante aún, en diseminar el código y prácticas que desarrollaron dentro de Latinoamérica – nos preguntaron sobre nuestra orientación.

Les mostré el video Barlow-Valenti. Inmediatamente me pidieron una copia de él, dijeron que para explicarles a otros como ellos concebían su propio trabajo. Para ellos la clave, para tomar prestada una frase, fue consenso difícil y activar el código: consenso en cómo proceder, activar el código legal y técnico, para ayudar a otros a construir la infraestructura necesaria para apoyar a un amplio espectro de proyectos relacionados con la cultura libre, de los cuales CC era sólo una parte. Y ya que el senador Flores no pudo asistir a esta reunión, confío en que se habría sentido reconfortado tanto por el compromiso de cada uno de los que estaba en la mesa, así como por el ideal: lograr que las cosas se hagan.

En CC lanzamos una pequeña idea; esta gente la ha hecho algo muy grande. Y como pocas veces sucede, la han lanzado con la apropiada humildad, y con el compromiso de hacerla funcionar bien, y pronto. Chile se ha convertido en el Nuevo favorito.»

Foto: El Factor Humano, publicado bajo licencia Creative Commons Chile.

Londres propondrá a la UE que se controlen las llamadas telefónicas y los correos electrónicos de sus habitantes

En Kriptopolis nos hemos enterado que tres días después de las bombas en Londres, Inglaterra dijo el domingo que apuntaría a los reglamentos de la Unión Europea para hacer que las compañías de telecomunicaciones guardasen el mayor tiempo posible los registros de llamadas y de correos electrónicos de sus clientes, informó Reuters.

El ministro del Interior, Charles Clarke, dijo que llevaría el asunto el miércoles a la reunión de los ministros de Interior de la Unión Europea que él ha convocado en Bruselas para discutir una respuesta conjunta a las bombas que se sospecha que han sido puestas por radicales islamistas…

«Creemos que los registros de telecomunicaciones, tanto teléfonos como correos electrónicos, que registran las llamadas hechas de un número a otro y en qué momento, son de importante utilización para la inteligencia», dijo Clarke a la BBC.

«No estoy hablando ahora acerca del contenido de las llamadas sino del hecho de que una llamada se haya realizado. Y creemos que es importante retener esos datos, acerca de las llamadas realizadas, por algún tiempo considerable», añadió.

Los registros telefónicos jugarán probablemente un papel importante en las pruebas de los ataques del jueves que se sospecha están ligados a Al Qaeda y que asesinaron a más de 50 personas a bordo de tres trenes del metro de Londres y un autobús.

Fuentes:

Nuevo libro sobre derechos de autor y P2P, para descarga libre

Bajo licencia Creative Commons, David Bravo ha publicado su primer ensayo, titulado «Copia este libro», en el que trata los aspectos más polémicos de las redes p2p y la propiedad intelectual.

Bravo, colaborador habitual en la revista @rroba, analiza el papel de los medios de comunicación, la industria discográfica y los superventas en la generación del miedo y la mentira, estrategia que busca detener un avance tecnológico que beneficia a millones de internautas.

En el libro, se desmontan las tesis que criminalizan y califican de piratas a quienes comparten cultura, y se aportan datos que avalan la legalidad, y conveniencia, de las descargas de obras culturales.

«Copia este libro» se edita en papel en España, donde lo pueden comprar por sólo 9,95 euros. El autor, abogado y experto en derechos de autor, es conocido por diversas charlas que le han dado popularidad, entre las que destaca la del hackmeeting de Sevilla, que alcanzado una gran difusión en Internet.

Puedes descargarlo acá, gentileza de Derechos Digitales Hosting.

Fuente: Kriptopolis, bajo licencia Creative Commons.

Chile ya cuenta con Creative Commons

Chile se convirtió en el segundo país latinoamericano en adoptar Creative Commons, sistema de licencias complementarias al copyright. «El arte ha sido construir sobre creatividad de otros», señaló el líder de esta iniciativa, Lawrence Lessig, durante el lanzamiento en el Museo de Arte Contemporáneo ante más de un centenar de asistentes del ámbito académico, editorial y cultural.

«Bienvenidos a la cultura libre», sentenció entusiasmado Lawrence Lessig, creador y presidente de Creative Commons (CC), una organización sin fines de lucro que busca reducir las barreras legales a la creatividad e invita a los propios autores a compartir sus obras bajo «algunos derechos reservados» (en contraposición al lema copyright, «todos los derechos reservados»), implementando licencias que se adecuan a las necesidades y términos de cada creador. Hoy fueron presentadas oficialmente en nuestro país, en una ceremonia realizada en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) y a la que asistió más de un centenar de personas.

«La tecnología se puede utilizar para formar comunidades creativas, no centradas simplemente en el consumo cultural obsesivo, sino que comunidades que consumen para crear», señaló Lessig, aludiendo a la característica pasiva y meramente consumista del público durante el siglo XX.

No obstante, añadió el académico de la Universidad de Stanford, en la actualidad estas comunidades difícilmente pueden desarrollar su creatividad en los marcos de la legalidad, debido a las intrincadas normas de protección a los derechos de autor existente en los países. «El respeto a los derechos de autor, copyright, debería adaptarse de acuerdo a la tecnología de hoy. Las licencias de Creative Commons surgieron como respuesta a la necesidad de que las restricciones señaladas en el sistema tradicional funcionen de forma más sencilla», señaló Lessig.

Territorios creativos comunes

«A mediados del año pasado comenzamos el proceso de adaptación en Chile de Creative Commons cuya traducción equivaldría a ÂŽterritorios creativos comunesÂŽ, indicó Gabriela Ortúzar, directora del Sistema de Servicios de Información y Bibliotecas (SISIB) de la Universidad de Chile, organismo impulsor de Creative Commons-Chile, conjuntamente con la Corporación Derechos Digitales. De este modo, en nuestro país se utilizó la combinación más completa de permisos.

En la oportunidad, Ortúzar recalcó la importancia de contar con un sistema de licencias complementarias, sobre todo para medios de comunicación electrónicos como forma de abrir barreras en el intercambio de valiosa información académica y cultural con el irrestricto respeto a los derechos de autor. También, aprovechó de presentar el sitio web www.creativecommons.cl desarrollado por el SISIB, el cual entrega toda la información relativa a las licencias y permite registrar las obras en línea.

En representación de las autoridades de la Casa de Bello, la Vicerrectora de Asuntos Académicos, Prof. Dra. Cecilia Sepúlveda, recalcó la necesidad de no permanecer indiferentes a los avances tecnológicos en materia comunicacional y reafirmó el compromiso que tiene la «U» con el incentivo de proyectos que permitan incrementar el intercambio intelectual. «Creative Commons es un modelo de propiedad intelectual flexible, complementario al tradicional, acorde a los tiempos, en que se comprende y valora el acceso a la información y las artes, como poderosa herramienta cultural y de progreso para la comunidad en su conjunto», explicó.

También intervino en la ceremonia Paulo Slachevsky, de LOM Ediciones (empresa que obsequió una edición especial del libro «Cultura libre» de Lessig), quien señaló la necesidad de trabajar en una política país equilibrada en materia de derechos de autor, a fin de promover una cultura sin ataduras, no sometida a los intereses de lucro de grandes corporaciones. «Creative Commons permite una mayor democracia cultural, del momento en que este sistema, por un lado reestablece los derechos del autor a definir qué hacer con sus trabajos y por el otro, favorece la difusión y el acceso a las obras».

Pormenores de la jornada

La flamante sede temporal del MAC en Quinta Normal fue el escenario de la presentación de Creative Commons en Chile. Hasta allí llegó un amplio marco de público, el cual, repletó el blanco y espacioso hall central.

La obertura musical de la jornada estuvo a cargo de jóvenes músicos y bailarines de la Corporación Cultural Balmaceda 1215, que presentaron un espectáculo lleno de energía y movimiento que cautivó a los asistentes.

En la oportunidad también se dio a conocer la acción de arte del Colectivo Netzfunk, representados por David Boardman y Diego Mometti, profesores de la Universidad de Turín invitados al Doctorado en Filosofía con Mención Estética y Teoría del Arte, de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.

Ellos coordinaron el Seminario de Tecnología Suave de este postgrado y en ese contexto idearon la acción de arte «Memoria histórica de la Alameda», obra licenciada bajo Creative Commons.

Y para el cierre, hubo más música en vivo. Esta vez le correspondió el turno a los sonidos electrónicos de los músicos Daniel Jeffs y Mika Martini. Ambos residen en Santiago y sus creaciones se encuentran disponibles para ser escuchadas en su totalidad desde el sitio web www.archive.org y que, por supuesto, están bajo una licencia CC.

Fuente: Derechos Digitales + Creative Commons Chile
Fotografías: Michel + Universidad de Chile + Faco. Todos ellos licenciando con Creative Commons.

Llega a Chile sistema flexible de derechos de autor

Siguiendo la tendencia internacional, nuestro país contará con un modelo de licencias complementarias al copyright, que otorga más ventajas a creadores y usuarios. Será presentado mañana en la capital por su precursor, Lawrence Lessig.

¿Qué tienen en común la música de Gilberto Gil con los materiales educativos del MIT? ¿O los artículos del senador Fernando Flores con videos de los Beastie Boys? A todas estas creaciones se puede acceder gratis a través de internet, pero además se pueden usar de manera libre para dar origen a nuevas obras. Ello, porque están licenciadas bajo Creative Commons (CC), un innovador concepto de derechos de autor adoptado ya por una veintena de países y que está próximo a hacerse realidad en Chile.

Esta modalidad propone un modelo de propiedad intelectual flexible, complementario al tradicional copyright, destinado a estimular el trabajo creativo, y que permite a los autores definir hasta dónde y en qué términos sus producciones intelectuales pueden ser utilizadas, ampliando así la gama de materiales disponibles para construir y compartir nuevos conocimientos. En tanto, a los usuarios posibilita el saber de antemano qué es lo que pueden hacer con una determinada obra.

Creative Commons (cuya traducción equivaldría a «territorios creativos comunes») es una organización sin fines de lucro que busca reducir las barreras legales a la creatividad y que invita a los autores a compartir sus obras bajo «algunos derechos reservados», definidos por ellos mismos. Para tal efecto establece cuatro grados de licencias en las que el creador establece las condiciones generales de uso, que se pueden combinar entre sí y quedan incorporadas digitalmente a los títulos.

Estas opciones son: «Reconocimiento», atribución en la cual se autoriza el uso, pero citando al autor; «Uso no comercial», que permite la utilización sin opciones de lucro posterior; «Sin obras derivadas», que faculta para reproducir la obra, mas no para intervenirla o transformarla, y «Licenciar igual», que obliga a poner a disposición del público el resultado de obras en las mismas condiciones en que se encontraban antes de ser transformadas o alteradas.

Chile es el segundo país latinoamericano en adoptar este modelo mundial después de Brasil. Las licencias fueron traducidas y sometidas a discusión pública durante el mes de mayo, con el objetivo de adaptarlas a la legislación nacional.

En el país, esta iniciativa es impulsada por la Universidad de Chile, a través de su Sistema de Servicios de Información y Bibliotecas (Sisib), en conjunto con la Corporación Derechos Digitales.

Actualmente, Creative Commons tiene más de 10 millones de creaciones licenciadas en todo el orbe, mayoritariamente en Estados Unidos, entre las cuales se pueden encontrar libros, fotografías, videos, archivos sonoros, obras de arte y música, muchos de ellos reconocidos autores como David Byrne, Le Tigre y Cory Doctorow. Todas accesibles para su uso desde http://creativecommons.org/find/ La presentación oficial de Creative Commons en Chile se realizará mañana viernes 1 de julio, a las 11.00 hrs., en el Museo de Arte Contemporáneo (Av. Matucana 464), en una actividad que contará con la participación de su creador, Lawrence Lessig, abogado y académico de la Universidad de Stanford. En la ocasión, este especialista en temas de derechos de autor en internet y sociedad de la información, efectuará una exposición sobre los objetivos y alcances de su proyecto internacional.

Facultad de Artes inscribe obra y la presenta en la Alameda En el marco del lanzamiento, el Seminario de Tecnologías Suaves, dictado por profesores de la Universidad de Turín, en el Doctorado en Filosofía con mención en Estética y Teoría del Arte de la Facultad de Artes de la Corporación, mostrará el trabajo realizado en él, denominado «Memoria histórica de la Alameda». En la ocasión, esta obra será inscrita en los registros de patentes de Creative Commons.

Además, el mismo día, a las 15.00 hrs., en el frontis de la Casa Central se efectuará, como parte de ello, una experiencia con los transeúntes que pasen por el lugar, quienes se verán invadidos de entrevistas, imágenes, información escrita, lecturas, recortes y edición sobre historias en la principal arteria de la capital. Lo anterior, a través de medios técnicos, tales como: una Palm, un GPS y un ordenador, los cuales trasportará el público en una mochila.