En España estas últimas semanas se ha producido un debate algo bizarro. Si ya se ha regulado el canon digital, los representantes de la Academia del Cine y la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) creen ahora que una velocidad de banda ancha de 20 megas atenta claramente contra los derechos de autor de los dueños de los contenidos. Sí, al parecer para ellos, la banda ancha es la herramienta necesaria para que los cibernautas terminen con todo rastro de la cultura hispánica.
Efectivamente, Ángeles González-Sinde presidenta de la Academia de Cine y Eduardo ‘Teddy’ Bautista presidente de la SGAE, han dejado entrever en distintas actividades públicas que la velocidad de 20 megas hace de la red una “Internet de contenidos” (sic) y estos últimos tienen evidentemente un dueño con derechos de autor que se deben respetar. En palabras de Bautista al diario El Mundo:
El tema es que cuando la gente quiere una Internet de 20 megas es porque se quiere descargar películas, o ver televisión, o intercambiar ficheros pesados.
Para ser aún más explícitos, los representantes de estas entidades sobreentienden que cualquier ciudadano español que tenga esta velocidad de banda ancha es, por un lado, un personaje altamente interesado en bajar gratis todo lo relacionado a la industria cultura española, y por ende, un evidente criminal que debe ser penalizado.
Como bien critica Juan Varela, “el canon no es suficiente para una parte de los creadores españoles y después de su aprobación están empeñados en limitar el uso y el acceso a Internet y las redes de la sociedad de la información”. Es la criminalización de los consumidores. Una especie de detención digital por sospecha. Un absurdo que es difícil de tomar en serio. Aún cuando -por datos que da el mismo Varela- se sabe por ejemplo que la propia Motion Picture Association of America (MPAA) reconoce que los cibernautas van 18 veces al cine por año frente a las 14 de las personas que no acceden a la red. Sin embargo, en esta pseudo defensa de la cultura española, hay muchos cabos que quedan sueltos. Varela da en el punto:
La presidenta de la Academia del Cine también tendría que explicar si esa limitación se dirige a los nuevos cineastas que publican y distribuyen sus obras en las redes de vídeo social o a quienes se encuentran y relacionan en la web para empreder proyectos independientes o a los nuevos modos de distribución de cine legal en la red, de pago o a cambio de publicidad.