El conocimiento en la esquina de tu barrio. El saber como derecho ciudadano. Los derechos de autor a disposición de la sociedad civil. De eso trata la iniciativa Banco Común de Conocimientos (BCC), ideada por el colectivo artístico Platoniq, pero que debe su base vital a la participación a una “mano invisible” que no privatiza, sino que permite el libre intercambio de saberes e ideas a toda la sociedad civil. Como Platoniq declara:
“BCC es un campo de acción colectiva basado en la transferencia de conocimientos y la educación mutua. Un laboratorio donde experimentar con nuevas formas de producción, aprendizaje y participación ciudadana. En este espacio creativo de acción social se generan políticas de aprovechamiento, revalorización y reciclaje de los recursos que cada individuo posee”.
¿Cómo se expresa el BCC en la realidad? Pues con la existencia de una demanda y de una oferta. Por ejemplo: ¿quieres saber cómo compartir una conexión inalámbrica de Internet entre tus amigos? Pues no pierdas tiempos llamando a tu proveedor. En el BCC puedes encontrar una oferta como la de guifi.net que te puede servir.
Pero ¿cómo se coordina este funcionamiento? Pues a través de diversos laboratorios que se han organizado ya en tres ciudades, Cambridge, Lisboa y ahora último (3 al 4 de abril de 2008) en Barcelona. Para estos encuentros, Platoniq ofrece el espacio en la web del BCC para que las personas publiquen sus ofertas y demandas. Luego, esos intercambios se registran y publican en la web con licencias de copyleft para facilitar su difusión y dejarlos registrados para el acceso posterior de cualquier ciudadano del mundo. Se trata, finalmente, de no poner restricciones autorales que inhiban que este mercado se perpetúe en el tiempo.
Lo que parece aún más interesante de esta iniciativa, es la coordinación que se logra entre espacio ciudadano real y espacio ciudadano virtual. En definitiva, no se renuncia a la ciudad por la comodidad de una herramienta como Internet, sino que se propicia un espacio de encuentro -como un mercado real- donde los ciudadanos se ven las caras en un lugar público. En este sentido, el BCC reconoce que el conocimiento está en las relaciones entre personas y no en las instituciones como portadoras de contenidos: el acceso al conocimiento a la vuelta de la esquina.