“Están teniendo lugar muchas cosas en la industria discográfica que no están ocurriendo en la industria editorial. Los consumidores no quieren álbumes, quieren canciones, pero en este negocio la gente quiere libros, no capítulos”. Las declaraciones del presidente ejecutivo y consejero de Penguin Books, John Makinson, son absolutamente decidoras.
Ello porque, tal como ocurrió con los libros de segunda mano, era de temer la sinergia de los libros y la red. Pero ha ocurrido todo lo contrario: el público aún sigue prefiriendo los libros en papel. Es cierto: sería muy agradable tener en un lector de e-paper millares de libros para revisar en cualquier momento; sin embargo, el placer de tener una edición única entre las manos y disponible en cualquier momento en la biblioteca personal no puede aún ser superado por la experiencia digital.
Así, Internet más que un ememigo, se ha convertido en un aliado. Las reseñas y críticas especializadas o de los mismos lectores disponibles en blogs, foros y sitios especializados a lo largo de la red, además de la comodidad y ventajas que ofrecen las librerías online - con miles de ejemplares al alcance de un clic - han hecho que los usuarios, más que volcarse a escanear y descargar textos ilegalmente, lleguen a los locales a por una copia.
Lo que antes era frenado por el miedo a las nuevas tecnologías queda así desmitificado por los beneficios que ellas entregan, haciendo evidente que industria de los libros - al igual que la discográfica - no peligra por Internet, por más que se quiera hacer alarde de ello.