La continua e injustificada extensión de los plazos de protección de los derechos de autor tiene en contrapartida un efecto perverso, al restringir el acceso al conocimiento y, con ello, condicionar desmesuradamente la concreción del derecho humano a participar de los progresos de la ciencia, las artes, la literaturra y, por supuesto, también de la tecnología.
Más en la columna que esta semana publica Claudio Ruiz en Terra Magazine.