Que los contenidos generados por un medio pequeño e independiente no sean bloqueados a favor de los contenidos del mainstream media. ¿No es eso una de las características más fascinantes de Internet? Efectivamente, uno de los pilares del Acceso al Conocimiento (A2K) es el principio de la neutralidad de la red. Esto quiere decir, en palabras simples, que las compañías que proveen la infraestructura para que lnternet sea posible, no pueden interferir (controlar o filtrar) la información que circula por la red. Como este principio era tácito, muchas compañías no lo respetaban lo que incidió en la necesidad de propuestas legales que lo protegieran.
En Chile, por cierto, también existe una iniciativa parlamentaria a favor de proteger la neutralidad de la red. Es que ignorarla, la verdad, pareciera avalar el exterminio de Internet, pues ha sido el principio de neutralidad el que ha permitido el crecimiento y su valorización entre los ciudadanos con acceso a ella. De hecho, esta semana, al que se le atribuye la invención de Internet, Tim Berners-Lee, ha dicho en el Campus Party de Valencia, que la neutralidad de la red “es una infraestructura fundamental para la libertad y la democracia”.
Pero Berners-Lee va mucho más allá y afirma que el acceso a Internet debería ser “un derecho fundamental”. La iniciativa no deja de ser menor si pensamos en las voces que quedan acalladas en esta enorme plataforma de comunicación global, cuando por motivos socioeconómicos, ciudadanos del mundo no pueden acceder a sus ventajas. La tarea no es menor. Los cálculos estimados dicen que alrededor del 80% del contenido en la red es de origen blanco anglosajón. ¿Puede estar en peligro la diversidad de opiniones, culturas y razas en la web? Ciertamente. Por eso, si se cree en proyectos como el A2K, procurar el acceso a Internet para todos los ciudadanos debe ser una iniciativa clave.