La crisis económica y la opción de los libros como bytes

Las TIC digitales en la industria cultural no se limitan a brindar nuevos dispositivos de lectura: libros en el Iphone o en el Kindle (entre los más conocidos). El debate no se trata solo de decidir si me acomoda o no leer a través de una pantalla, o si los bytes son más o menos románticos que el papel. La discusión cruza las fronteras del soporte e incluso a las nuevas formas de lectura que estos formatos electrónicos permiten; llega también a reconsiderar un modelo de negocio tradicional que además debe debatirse entre los vaivenes del mercado mundial: cuando las TIC ya no son una apuesta marginal, sino una posibilidad de sobrevivencia económica.

Adam Hodgkin (ex editor del Oxford University Press) hace una reflexión interesantísima: ¿cómo afectaría al mercado y a la industria que el precio final de los libros impresos se multiplicara , si el costo del petróleo se mantiene irrefrenable?

La reflexión no es menor. En tiempos de crisis económica, es la industria cultural una de las primeras que se ve afectada. Y si por terceros factores (como el costo de la distribución) se termina aumentando el valor de los libros tradicionales, ¿qué competitividad pueden tener sobre textos que pueden ser leídos o descargados directamente desde el proveedor en Internet?

Si bien Hodgkin piensa que la industria de los libros impresos terminará por desaparecer irremediablemente ante una industria cultural que de manera masiva se digitaliza, antes de llegar a ese escenario, sus cuestionamientos nos hacen pensar que los libros como bytes ya no es solo una cuestión cultural (que lo es y que importa), sino que ante escenarios económicos complicados, podría transformarse en una alternativa de sobrevivencia económica para las editoriales. En un panorama mundial que anuncia números negros en el crecimiento comercial, parece a lo menos atractiva la idea de dejar de ver a las TIC como una debacle y concentrarse en sus ventajas competitivas en un mercado que afrontará tiempos difíciles.

Asumir este reto significa, por cierto, replantearse los contextos de la industria. Por ejemplo, ya sabemos que un régimen de derecho de autor restrictivo es poco eficiente en el medio digital, lo que obliga a los autores de textos y a los propietarios de sus derechos a reconsiderar un modelo de propiedad intelectual que les permita sobrevivir acorde a los tiempos. También entendemos que Internet, como interfaz de convergencia de medios, permite mucho más posibilidades que la propia lectura de un libro: se pueden escuchar y/o ver también. Las posibilidades de llegar a más públicos, por tanto, se multiplican.

Por ende, podríamos pensar que los esfuerzos por reconfigurar la industria editorial en el contexto económico actual y utilizando las ventajas de las tecnologías digitales, pueden no solo darle una carta de mejor solvencia comercial a los afectados, sino también diversificar el alcance de la cultura a millones de ciudadanos que por diferentes razones (económicas, culturales, etc.,) han quedado o podrían quedar fuera del mundo del libro.

↑ Publicado el 14/07/2008
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