Joseph E. Stiglitz debe ser uno de los economistas más singulares que haya ganado el Premio Nobel de Economía (2001). Sus severas críticas al sistema neoliberal parecieran ir en la dirección opuesta a los designios del Banco Central de Suecia, que fue el organismo que agregó este galardón a los tradicionales Nobel. A Stiglitz se le conoce por ser un crítico de las mega instituciones monetarias como el Banco Mundial (en el año 2000 El Mostrador publicó una estremecedor artículo del economista) y también por estar en contra de las políticas de Bush Jr. Por eso, no es de extrañar que se desmarque de las visiones conservadoras y se oponga a la noción tradicional de Propiedad Intelectual (PI) pues la considera un obstáculo que cierra el paso al acceso al conocimiento en vez de abrirlo.
Así al menos lo dio a entender este 5 de julio en la conferencia “Who Owns Science?” dictada en la Universidad de Manchester, Inglaterra. Gracias a Intellectual Property Watch, nos enteramos que en esa ocasión, el economista afirmó que asemejar la Pl a bienes corporales tradicionales es errado, pues esta última posee particulares características: “competencia sin rivalidades” y de “no exclusión”, diferentes a lo que podría ser el dominio y posesión de un televisor o una casa.
La ciencia, por cierto, no se queda afuera del problema. Según el autor, existe una desproporción entre los beneficios sociales de la innovación y los ingresos privados relacionados con el sistema de patentes. A este respecto, podemos recurrir al ejemplo del Proyecto del Genoma Humano que identificó un gen que predice el cáncer de mama, el que fue patentado por una empresa norteamericana. El costo real para determinar el gen fue mínimo pero con la PI se eleva a tal punto que los usuarios pobres no están en condiciones para pagar el examen.
Así las cosas, para Stiglitz, la actual visión respecto a la Propiedad Intelectual como exclusiva y excluyente, permite la existencia de monopolios que concentran el conocimiento, lo que simplemente hace que conceptos democráticos como la justicia y equidad entre los ciudadanos sea cada vez más lejana.
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Artículo hecho en colaboración con Francisco Argel, pasante 2008 de Derechos Digitales.